Técnicamente hablando un día nos otorga por segundo más de siete mil momentos, tiempo en donde se presentan una serie de interacciones y circunstancias que además pasan tan desapercibidas que hasta consideramos inexistentes. Vale la pena que comprendamos por ello que además de fijarnos grandes metas, lo cual esta bien, debemos planear estas en nuestro día a día desde los pequeños instantes cotidianos en el propósito de verificar a diario el cumplimiento de dichos propósitos o de lo contrario seguiremos dejando a la suerte algo que esta en buena medida en nuestras manos. Es básico entonces que dejemos de ver algunos días como espacios de insignificancia ya que todos son de enorme trascendencia para nuestras coexistencias.

Una perla cotidiana de Seneca nos reitera que “quien quiera vivir feliz, no debe importarle que le crean tonto”.

Cuentan que en una cotidianidad el experto en bacterias le advirtió a su familia que debían tener muy en cuenta los pequeños detalles y los aparentes insignificantes instantes que componen nuestras vidas pero especialmente las diminutas palabras hirientes que afectan nuestro ser y para ello les mostró el cómo una pequeña bacteria al no ser rechazada por los pequeños antivirus de amor que engrandecen nuestras cotidianidades puede incluso generarnos la muerte.

La vida esta plagada de pequeños actos que al realizarlos continuamente nos pueden llevar a grandes logros, teoría que también debemos tener en cuenta en su sentido inverso ya que esos pequeños actos incoherentes o que omiten lo que debemos hacer a diario, también van consolidando nuestros grandes dilemas, lo que implica que más que obsesionarnos por las grandes búsquedas debemos atender con más cuidado cada pequeño instante de nuestro día a día.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 92:12, “como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES… ¡

nos transformaremos!