El Texto de Textos nos revela en Isaías 50:4, “Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios”.

 

Para la Cábala un signo, una tilde, una coma o la forma de la letra cambia el significado de todo un concepto, lo que traducido a los misterios que encierra la palabra del Creador nos lleva a cuestionarnos el por qué la primera letra que usa la Torá en el primer versículo de Génesis es la Bet y no Alef. Para algunos eruditos la primera luz que dio inicio a nuestra creación, se generó con la primera letra de la palabra berajah, bendición, como una forma de recordarnos que el mundo no puede salir del caos y de las tinieblas sin una iniciación, es decir, sin la intervención directa del Creador sobre el hombre caído por medio de sus bendiciones.

Lo que podríamos traducir afirmando que el inicio de la creación del mundo, es el mismo que el de la regeneración del ser humano. Lo que también nos dice que la letra Bet, ב, cumple entre otras con esa razón de ser, concepto que también nos lleva a la palabra bayit que significa casa, habitación. Idea central que nos indica igualmente, aquello que contiene algo, por lo que la letra Bet le explica a quien así lo quiera entender que cada uno debe permitirse liberar en sí mismo un espacio para recibir la iluminación divina, entornos en donde reine el pensamiento creador.

Son traducciones quizá, pero este tipo de significados nos aseguran desde su simbología y grafía por el trazado de esta letra, un cuadrado o un rectángulo, según la perspectiva: por extensión el plano de una habitación o de una gran pieza, lo que se puede visionar como el centro de la familia, incluso la imagen del universo. Por lo cual de dicha Bet, ב, deberíamos extraer representaciones para comprender un universo que como epicentro reúne esos treinta y dos senderos o vías de acceder a la sabiduría divina.

La Torá letra por letra, como signos o símbolos tienen un significado, siendo la letra Bet la que nos indica el estar adentro, en un hogar, en lo interior, lo íntimo, lo nutritivo, el abrigo, el reparo, la vida de familia y en pareja, la casa, el recipiente, la dinastía, el pueblo, la tribu, la escuela, una corriente de pensamiento, e incluso la matriz de la mujer, así que al asociar esta letra con el número dos nos encontramos con la dualidad, la exteriorización de Alef, el principio de la creación resultante de la separación del Uno que es a la vez la fuente de la multiplicidad.

Quienes comparan la letra Bet del alfabeto hebreo con la B del castellano obvian la dificulta que implica comprender toda una simbología en donde Alef emite y proyecta Bet y esta le recibe y acoge para crear en su seno. Por ello Bet simboliza toda la creación, el universo, el mundo. Mientras que Alef representa la unidad creativa, la cual tiene que salir de sí misma para provocar un movimiento alternativo, un real comienzo. Fué Bet quien generó el movimiento que hace nacer el otro y por ello dicha letra esta asociada también a más conceptos con los cuales algunos estudiosos interpretan mejor los textos sagrados.

El Texto de Textos nos revela en Juan 8:7, “Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra”.

Oremos para que todo nos simbolice nuestro hogar celestial.