Hay quienes consideran que la armonía no es un estado estático en donde el movimiento como constante nos lleva a diferentes espacios, ciclos e intercambios, lo que quiere decir que en esa armonía no siempre podemos estar de una misma forma, por lo cual no debemos compararla con plena tranquilidad sino con una proporcionalidad en donde todas esas fuerzas, tengan cargas positivas, neutras o negativas, aportan para mantener un estado de equilibrio en donde ningún extremo es sano. Qué maravilloso sería entonces que bajo dichos criterios buscáramos dar lo mejor de nosotros, complementarnos y por lo tanto, coexistir en medio de una armonía de la cual nos enseña la misma naturaleza.

Una perla cotidiana de Lawrence Sterne nos dice: “el respeto por nosotros mismos guía nuestra moral y el respeto por los demás guía nuestros modales”.

Cuentan que cuando el niño le preguntó al sembrador: qué era una semilla, este dijo: – Potencialmente es el árbol que recién vemos y que se replegará hasta su máxima expresión. Creo que comprendo – contestó el niño – la semilla es como si fuese una pequeña valija que protege al árbol y le permite viajar hacia otra realidad, ¿no?. Sí, podríamos decir que así es. Afirmó el sembrador y continuo: – como ya observaste el proceso inverso, ahora tienes la certeza de que de esa semilla únicamente podrá nacer un árbol frutal. Nunca esperarás que se convierta en otra cosa, pues has contemplado su naturaleza interna.

Valiosa apreciación para comprender que la naturaleza a diario nos enseña grandes lecciones que sin embargo no atendemos y que serian muy útiles para nuestras existencias, ya que regularmente preferimos obviar este tipo de propuestas que están allí incluso para entender mejor nuestros propios errores muchos de los cuales tristemente atentan contra ese orden natural.

El Texto de Textos nos revela en Números 32:19, “nuestro Padre Celestial no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? He aquí, he recibido orden de bendecir; Él dio bendición, y no podré revocarla”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!