El Texto de Textos nos revela en Génesis 9:11, “Yo establezco mi pacto con vosotros, y nunca más volverá a ser exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra”.

Parece ser que solo en tiempo de sequia agradecemos por la lluvia, pero esta según algunos eruditos denota la piedad, misericordia y deseos de nuestro Creador de renovarnos, refrescarnos y en hasta limpiarnos de tantas inmundicias que se adhieren a nuestros seres producto de nuestras inconciencias. Es por ello que algunas creencias frente a las sequias hacen plegarias para que el Creador no deje de bendecirnos, pese a que como humanidad poco o nada nos ocupamos de esos sus mandatos y preceptos.

El pueblo Judío incluso celebra en épocas de noviembre su mes Jeshvan segundo de su calendario moderno y octavo si se tiene en cuenta el antiguo calendario que comienza en Nisám una festividad especial que en la Torá, se simboliza con bul, fruto o producto. Época en donde se fructifica el campo y se multiplican los animales. Para algunos creyentes esta etimología nos invita a través de la palabra Iebul a esperar que todo florezca, teniendo en cuenta que se comienza a la vez el trabajo de la tierra, en donde se ara y se siembra esta.

Proceso al que tristemente cada vez atendemos obviando que de esa labor es de donde se extraen nuestros diarios alimentos, esos que nos nutren y nos dan  salud y vida. Razón de peso para que atendamos las recomendaciones y mandatos del Creador que con las lluvias nos denota la purificación de nuestra tierra, esa que en épocas de Noé desencadenó el diluvio, Mabul, palabra que también tiene la misma raíz, bul. Así que deberíamos apreciar en el rocío y las lluvias no un castigo ni algo fuera de lo normal que nos perturba sino esa motivación para purificarnos y renovarnos. Incluso cuando se observa que el signo de Jeshvan es un escorpión, a través de dicha simbología podríamos asimilar que el mundo podría estar a futuro sediento de lluvias tanto como el escorpión de agua.

El arco iris que siguió de aquel diluvio nos recuerda a la vez que aunque como nuestros ancestros nos seguimos comportando de forma opuesta a esos mandatos divinos obviando así todas las revelaciones, posibilidades y oportunidades que se nos da para arrepentirnos y volver al camino que indica la Biblia, el aún nos invita a purificarnos con el agua antes que lleguen los días de fuego, ese mismo que con sus destellos también nos ofrece el Creador solo para que tengamos la certeza que Él nos espera de retorno en su morada eterna.

Valoremos la lluvia como todo lo que el Creador nos da a diario así nosotros en nuestro actual modelo consumista y de ilusorias apropiaciones mercantiles queramos más y sentirnos con ello dueños de todo. Estereotipo mental que se debe transformar y del que deberíamos aprender gracias a esas mismas gotas de lluvia que nos indican que recibimos del Creador las porciones que necesitamos y que ello es suficiente.

El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 3:20, “quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia del Creador esperaba en los días de Noé, durante la construcción del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas por medio del agua”.

Oremos para que nuestras vidas sean lluvias de bendiciones.