En algunas ocasiones y guiados por una serie de sentimientos adversos que parecieran dominar nuestras comunidades, no podemos negar que somos promotores de estas y por ende reproductores de resentimientos, lo que quiere decir que nos dejamos infectar de los mismos tanto que estos proliferan en nuestros pensamientos y visiones de vida. Es el momento de dejar de culpar a esas programaciones milenarias por este modelo de pensamiento y darnos la oportunidad de provocar una serie de transformaciones positivas que contrariamente a lo que otros suponemos colaborarán para que hasta los más incrédulos terminen contagiados por este tipo de sanas emociones que al nacer de nuestro corazón irradiaran las vidas de las demás personas con las que compartimos esas maravillosas vivencias.

Una perla cotidiana afirma que, “ser feliz es sencillo lo difícil es ser sencillo”.

Cuentan que cuando la abuela observó como su nieto maldecía a aquella persona con la cual alguna vez compartieron sus mismos sueños, espacios y hasta un hijo, esta espero que él se desahogara y una vez lo percibió un poco más tranquilo, le pidió que comprendiera que cada vez que odiamos no logramos darnos cuenta que una parte de nosotros se destruye, como tampoco alcanzamos a entender que cada vez que perdonamos y bendecimos a los demás una parte de nosotros se sana.

Y es que deberíamos aceptar que como seres integrales que somos, todo lo que pensemos, digamos y hagamos nos afecta a nosotros directamente más que a los demás, lo que quiere decir que en vez de dejar que sentimientos adversos dominen nuestro ser y por ende cultiven otra serie de efectos nocivos para nuestras existencias, tenemos que trabajar para que todo lo sano, positivo, prospectivo y bueno se duplique en nuestras vidas y relaciones.

El Texto de Texto nos revela en I de Pedro 5:7, “echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque él tiene cuidado de vosotros”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!