El Texto de Textos nos revela en II de Reyes 19:15, “Y oró Ezequías delante del Creador, diciendo: Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres el Creador de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra”.

La cábala predica que quienes quieran intentar entender lo oculto y los misterios del Creador deben dedicar más tiempo a estudiar la Biblia, a orar y a pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a reinterpretar incluso algunos versículos que debiendo de comprender de una manera no lo logramos debido a nuestro limitado y finito lenguaje. Lo cual a su vez se debe traducir también en trabajar desde nuestros propios oficios cotidianos, para ser útiles a la obra del Creador y así podamos integrarnos a todos y al todo.

La invitación Bíblica es a obedecer los mandatos y por ello a ser ejemplo siguiendo estos principios de vida los cuales están inscritos en la misma naturaleza si es que somos buenos observadores. Pero como ni nos escuchamos a nosotros mismos, menos podemos atender al Creador producto de nuestros egoísmos, esos que hacen que no nos percibamos como pequeñas partículas de un todo, sino como grandes masas separadas obviando que aun fragmentados como nos creemos hacemos parte de toda la Creación.

Confusiones que nos impiden alcanzar mejores conocimientos con los cuales podríamos percibirnos desde otras lógicas menos fusionadas a conceptos tan estrechos como el del yo, individual que proviene del contexto de aní, palabra que se designa en el hebreo original para hablar de la nada que es aín, por lo que posiblemente una relectura nos lleva a comprender que somos nada sin el Creador y menos sin su obra.

Valemos mucho para Él tanto, que sigue pacientemente esperando interpretemos otros conceptos que nos deben llevar a comprender de forma paralela que somos a imagen y semejanza de Él, pero que sin Él no somos. Lo que se debe interpretar como que mi yo, es solo una forma temporal de esa nada infinita. Perspectiva que nos incita también a que nuestra esencia fragmentada se una a todas las demás fragmentaciones, esas que en todos nuestros tiempos posibles han hecho parte de esta secuencias existenciales.

Él nos llama para que nos integremos y más allá de seguir en otro tipo de búsquedas obviando su mensaje de reencuentro que incluso para algunos hace parte de la dimensión de lo oculto, debemos comprender que más bien lo que deberíamos hacer es intentar desde este plano natural, todo aquello que gracias a ser guiados por sus luces y no las nuestras, que son artificiales y de neón, nos permita visionar nuestras vidas con la lógica ya no del precio comercial y si del aprecio divino.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 11:25, “en aquel tiempo, hablando Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños”.

Oremos para dejar de rendirle culto a lo oculto.