El Texto de Textos nos revela en Isaías 40:12, “¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?  13 ¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole? 14 ¿A quién pidió consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia?

Nuestras realidades están constituidas por imágenes a las cuales les adherimos un significado gracias a lo que denominamos: información perceptiva. Siguiendo para ello no solo los lineamientos que dictan nuestros sesgados sentidos sino un lenguaje compilado a través de casi seis mil años de reproducir esta información por parte de nuestros ancestros, visión que continuamos hoy proyectando difundiendo esas mismas imágenes desarrollando con ellas nuestras vidas lo cual termina siendo copia de los imaginarios de esos ancestros.

Enredados y engañados en esos imaginarios milenarios retroalimentándonos del árbol del conocimiento, seguimos dejándonos atraer por ruidos, olores, luces de colores, gustos y toques que nos mantienen aislados de la información divina lo cual no nos permite asimilar el universo de lo infinito, ese que requiere algo más que nuestro aislamiento interior para que ese mundo exterior especialmente alineado a los deseos mercantiles no nos siga separando de nuestros verdaderos propósitos divinos.

Bien se dice que el seguir dejándonos atraer de esas imágenes lumínicas artificiales es nuestra mayor idolatría, manteniéndonos en creencias que no son. Es por ello que ante los complejos énfasis que esclavizan nuestras búsquedas mundanas la mejor solución es la de la orar y en esos cortos instantes intentar que el Creador ilumine y aclare nuestras mentes para que no sigamos reproduciendo esas históricas desilusiones que solo nos limitan y desenfocan con sus imaginarios ilusorios.

Desde esa mirada imaginarnos la omnipotencia y omnipresencia de nuestro Creador como a la vez intentar tener nuevas representaciones aun siendo mínimas de Él nos permite incluso con nuestro lenguaje limitado y nuestro conocimiento finito ampliar el espectro perceptivo para atender las manifestaciones ilimitadas e infinitas a las que a través de la fe, podemos acceder, esa que nos da la confianza para saber que Él hará lo inexplicable e imposible dentro de nuestro mundo explicable y posible.

La cábala nos dice que al imaginarnos como copia del Creador o sea a su imagen y semejanza podemos lograr otra idea de la vida y con ello dejar de enfocarnos en el engaño de creer que nos cogobierna ese supuesto gran oponente al que le hemos dado el dominio de nuestro mundo. Visión estrecha que seguimos reproduciendo al respecto de un castigo casi eterno por una desobediencia de la que seguramente Él ya sabia desde antes de crearnos, por lo que el ideal es proyectarnos a través de otras lógicas más coherentes en donde dejemos al Creador ser nuestro Creador y guía.

El Texto de Textos nos revela en II de Timoteo 3:16, “toda la Escritura es inspirada por el Creador, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre del Creador sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

Oremos para que la única imagen que tengamos del Creador sea la de nuestro Padre bondadoso.