El Texto de Textos nos revela en Zacarías 9:9, “ alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna”.

Para algunos la cruz de Jesucristo es el mejor ejemplo para denotarnos que en este mundo cargamos con nuestros pecados visión que hace que para algunos el desempeño de algunas actividades que atañen a nuestras diarias responsabilidades las asemejamos a cargas. Lo que desdice de la traducción que le deberíamos dar al concepto de trabajo y que implica el desempeño de una actividad para sentirnos útiles, en vez de seguir visionando cada labor como la búsqueda de obtener recursos gracias a nuestros esfuerzos.

Traducciones que hacen que nos imaginemos cual burros poco inteligentes y hasta testarudos, laborando y laborando, obviando incluso valores intrínsecos de este cuadrúpedo que por tener más cromosomas que otras especies puede con su gen cruzarse con caballos y cebras. Caballos que dentro de esa especie no corren con mejor suerte desdiciendo de una laboriosidad que al ser domesticados solo les genera maltratos con un látigo para su control, cargas que les colocamos los humanos recargados.

Perspectiva histórica de intentar que nuestras cargas sean llevadas por terceros: camellos u otros animales que al igual que los burros o los caballos acompañan nuestros pesados trayectos de vida llevando sobre sus jorobas no solo nuestro peso sino nuestras desorientaciones. Cuando deberíamos aprender más de estos buenos compañero de viaje que con sus trabajos, extenuantes por cierto fruto de largas jornadas humanas, solo nos motivan más bien a que usemos sabiamente nuestras fortalezas.

Hay mucho que aprender en este mundo y aunque no falta quien como en el norte de India le dedique un día de homenaje a sus compañeros de labores: los elefantes y hasta quienes con otras festividades honren otras especies exponiéndoles en ferias, los seguimos maltratando, porque son animales según se dice, obviando que si escalan empinadas montañas y recorren largos trayectos a nuestro lado es para llamar nuestra atención y dejemos de quejarnos y más bien valoremos cada paso y esfuerzo que implica el trayecto.

Toda la naturaleza nos enseña, todo lo que existe tiene algo para aportarnos y lo ideal es aprovechar esos nuestros dones y fortalezas para el servicio de los demás, entendiendo que aunque debemos cumplir con unas responsabilidades no debemos convertir estas en pesadas cargas ya que con ello solo perdemos movilidad y ese deseo motivacional que se hace necesario para darnos nuevas fuerzas para nuestras diarias existencias.

Mirada que nos debe llevar también a comprender que todo el trabajo humano por lograr un objetivo será insuficiente sino va acompañado por la fuerza del Espíritu Santo y la guía de nuestro salvador Jesucristo, el cual ya cargo con nuestras culpas y pecados, y nos invita con su ejemplo a hacer parte integral de una Creación a la que le debemos aportarle con nuestros dones para que esta viva en armonía. Lo que quiere decir que todo trabajo es una bendición celestial para sabernos útiles a esos propósitos divinos.

El Texto de Textos nos revela en I de Timoteo 6:6, “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto”.

Oremos para que no hagamos del trabajo una carga.