Todos tenemos un dialogo permanente con una especie de voz interior la cual ha recibido todo tipo de calificativos, por lo cual solo la denominaremos aquí nuestra conciencia. Voz que en ocasiones nos alerta al respecto de vislumbrar los efectos de algunas acciones que vamos a acometer y de las cuales quizá más adelante nos arrepintamos. Y aunque también podríamos advertir que en ocasiones pareciera que esa voz o quizá otras, nos incitan a realizar una serie de actos casi de forma inconsciente e involuntaria, debemos tener en cuenta que en todo caso somos nosotros mismos los que con nuestros pensamientos provocamos las circunstancias afortunadas o no, lo que nos invita a reflexionar muy a fondo en esas ideas que tanto se nos reiteran ya que con ellas consolidamos nuestras coexistencias.

Una perla cotidiana nos explica que, “es posible conseguir algo luego de tres horas de discusión, pero es seguro que se podría conseguir algo mejor con apenas tres palabras impregnadas de afecto”.

Cuentan que cuando la persona fue interrogada al respecto de por qué se había quedado quieta ante la agresión de un tercero, esta no pudo más que decir que se había dejado guiar por una voz, la de su otro yo, esa con la que hablaba todo el tiempo, la misma que le había hecho en ocasiones comportarse de una forma y no de otra, la que a veces le daba la sensación de estarse enloqueciendo y que en otras le incitaba a reflexionar como si fuera la voz de su conciencia, esa que en días anteriores un psicólogo le explicaba que era la voz de nosotros mismos y que aunque en ocasiones no logra guiar todos nuestros actos, siempre esta allí.

Y aunque todos escuchamos una voz interior que en ocasiones es afirmativa y en otras no, se cree que esta no es más que el eco de nuestros pensamientos, por lo cual debemos aprender a coordinar y además a retroalimentar esa voz interior, ya que si dejamos que una serie de reflexiones adversas y hasta oscuras dominen nuestras ideas probablemente la reproducción de esos ruidos nos llevará a cometer errores de los cuales nos arrepentiremos más adelante y a partir de ese momento solo escucharemos el grito de nuestros lamentos.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 4:22, “en cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según el Creador en la justicia y santidad de la verdad”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!