El Texto de Textos nos revela en Génesis 16:11, “Además le dijo el ángel del Creador: he aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque el Creador ha oído tu aflicción. 12 Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará”.

Se cree que cuando Caín mató a Abel, este no sabía que existía la muerte, ya que nadie antes había fallecido. Y aunque realmente estaba disgustado con su hermano Abel, no proyecto los efectos de este sentimiento asesinando a su hermano quien no se levantaría más. Lo que no justifica su acción pero si nos denota que seguimos ignorando los efectos de nuestras emociones no controladas. Por lo cual como descendientes de Caín no es lo más sano seguir llorando los muertos en procura que estos se despierten sino que más bien debemos promover la vida y las sanas relaciones.

La cábala nos reitera que todo se suma genéticamente y por ello a partir del pecado se suman hechos en donde hemos tenido que soportar la oscuridad del asesinato y de la muerte. Y tras ese luto seguimos multiplicando dolores y prolongando sufrimientos con el tiempo sin encontrar la corrección de aquel acto, por lo que tuvo que el mismo Creador en Jesucristo descender para abrirnos el camino de retorno a la vida, al Edén y con ello aliviar parte de nuestras angustias al sabernos separados del Creador y de su eternidad.

Todas las historias e la Biblia con sus parábolas llevan implícito un concepto que aun parece común incluso entre hermanos: el descontrol de nuestras emociones, disfrazadas de resentimientos como la envidia y otras expresiones adversas que de allí se desprenden y que solo nos invita a amarnos como coherederos no de esas luchas internas humanas sino como partes de un solo todo fragmentado que se complementa y en donde nos debemos visionar por fe como hijos de la promesa, esa que recibió Abrahán padre de los semitas hoy divididos en Judíos y Árabes, y que según nuestra genealogía nos llama también a la armonía y hermandad en medio de nuestras diferencias.

Somos hermanos así nos sintamos divididos por nuestras razas, fronteras o creencias y así incluso en las dimensiones espirituales algunos se perciban diferentes, distintos o lejanos. Tanto, que hay quienes hablan de cuatro tipos diferentes de luz, más estas cual cuatro estaciones o fases lunares nos denotan que nuestras diferencias y ciclos nos aportan, por ello no existe razón alguna para que seguir perpetuando conflictos cuando la misma naturaleza a través del mismo aire que traspiramos nos demuestra que somos un todo.

La cábala nos ayuda a comprender que en la segunda venida de Jesucristo para nosotros los cristianos ya no lo veremos llegar sobre un pollino en señal de dominio sobre todo pueblo y especie, sino como el único Rey al que sin embargo algunos tampoco apreciarán pues sus desconocimientos e ignorancias los seguirán haciendo ver lo que en sus oscuridades solo ellos mismos pueden apreciar como distante y extraño.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 21:1, “cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará”.

Oremos para que en vez de restarnos o dividirnos prefiramos sumarnos o multiplicarnos.