El Texto de Textos nos revela en Génesis 3:21, “Y Jehová el Creador hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”.

Se asegura que antes de desobedecer Adam y Eva se veían a sí mismos a través del Espíritu: iluminados, pero que al separarse debido a que comieron del fruto del árbol del conocimiento se percibieron apagados, sometidos a un cuerpo, cubierta protectora que ya sin el Espíritu, les avergonzó. Visión que nos reitera a nosotros que al estar enfocados en nuestro lado espiritual nos iluminamos y dejamos de percibirnos conscientemente desde nuestros cuerpos oscuros. Y es que al abrir nuestros ojos físicos para reconocer nuestros oscuros entornos materiales, perdemos la percepción del Espíritu siendo necesario por ello el arrepentirnos de sabernos desconectados de nuestro Padre Celestial.

Fue así como a partir de alejarnos del Creador nuestras vidas, costumbres y tradiciones empezaron a relacionarnos solo desde lo físico y con ello a describimos desde esas características perceptibles sesgadas e incompletas promoviendo así un mundo de apariencias e ilusiones en donde esas prendas dadas por el mismo Creador ya no nos recuerdan que desobedecimos, ni que estamos en pecado sino que desde nuestros egos nos proyectan disfrazados de esos ropajes cual reyes, ilusión que alimenta nuestras emociones las que nos distancian más del amor y el reintegraremos a Él.

La cábala denota en el mensaje de Jesucristo una reorientación para devolvernos la esperanza y así esos múltiples disfraces plagados de desilusiones no nos sigan perpetuando dicha vergüenza producto de nuestra desconexión. Así que no necesitamos de esas mascaras, ya que dentro de nuestro cuerpo se encuentra esa verdadera belleza divina gracias a conectar nuestra Alma a su Espíritu logrando otras clasificaciones y modelos que revestidos de algo ético nos saquen de la esclavitud de ilusiones estéticas.

La cábala nos dice además que cuando en la Biblia encontramos recomendaciones para dignificar nuestra vestimenta y en el caso de las damas para el recato, se debe entender que se nos pide fijarnos menos en las apariencias superficiales y en esos disfraces y sus representaciones que hacemos sobre ellos y el valorar más lo que en esencia nos debe caracterizar: nuestro ropaje lumínico espiritual cubierto hoy por nuestro pecado y que conlleva a la muerte y al derramamiento de sangre. Por ende si nos reconocemos hechos a imagen y semejanza del Creador debemos usar prendas que le alaguen y alaben.

Por el contrario y manteniendo esa milenaria desobediencia producto de seguir retroalimentándonos de frutos prohibidos, celebramos extrañas festividades en donde se promueve una serie de actitudes medievales a través de las cuales representamos todo tipo de fantasmas y brujas incitando a nuestros niños al pecado atrayéndoles con dulces para atarles más en ello. Fiestas que nos reiteran que hay muchas cosas para corregir y revisar. Aceptemos por ende que nuestra ropa y disfraces revelan el tipo de dignidad humana a la que aspiramos, ya que estas más que cubrir revelan la parte interior nuestra.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 3:4, “y él, Juan, tenía un vestido de pelo de camello y un cinto de cuero a la cintura; y su comida era de langostas y miel silvestre”.

Oremos para que nuestro Espíritu sea nuestro más preciado ropaje.