Existe una diferencia de fondo entre el conocernos y el reconocernos, en el primer caso suponemos una serie de cosas de acuerdo a estereotipos o clasificaciones a través de las cuales nos identificamos, pero en el segundo caso y muy en nuestro interior vamos comprendiendo que esos calificativos no son en esencia nuestras vidas, por lo que aun reconociéndonos a través de ellos debemos buscar realmente identificarnos con algo que sea superior a esos mismos preconceptos. Y aunque estamos refiriéndonos a una especie de juego de palabras vale la pena que logremos un conocimiento mayor de nosotros con ese lenguaje, pero sobre todo que esos conocimientos nos sirvan para reconocernos como mejores seres humanos.

Una perla cotidiana dice: “de que huyes si lo que llevas dentro de ti te seguirá a donde vayas”.

Cuentan que cuando su hermosa hija adolescente le mostró a su padre sus redes en donde tenia un alto número de seguidores aduciendo además que era una mujer muy famosa y que por ende eran muchas las personas que le conocían, este en vez de aplaudirle le repuso: – el entendimiento es más profundo que el conocimiento, hay muchas personas que te conocen pero muy pocas que te entienden.

No se trata de descalificar a quienes tienen seguidores en sus redes lo cual además es un objetivo de cientos de personas, pero sí de entender que ese tipo de estadísticas solo sirven para nuestro ego el cual incluso cuando se encuentra a solas nos distrae de la verdadera posibilidad, más que de ser muy conocidos por terceros de ser reconocidos por nosotros mismos gracias a que valoramos lo que realmente somos.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 119:57, “mi porción es mi Creador; he dicho que guardaré tus palabras. Tu presencia supliqué de todo corazón; ten misericordia de mí según tu palabra. Consideré mis caminos, y volví mis pies a tus testimonios”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!