El Texto de Textos nos revela en Isaías 57:1, “perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo. Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante del Creador”.

La Biblia nos advierte que la muerte implica el paso de un estado físico a otro quizá más espiritual si para ello hemos trabajado en vida. Lo que nos debe incitar a comprender que si continuamos caminando egoístamente en la dimensión de los engañosos deseos, esos que nos conducen de lleno a solo querer pedir y recibir, no creceremos y probablemente terminemos atravesando ese umbral no hacia un nivel superior, ese en donde nos espera nuestro Padre y que implica que ascendamos.

La Creación es perfecta lo que quiere decir que a diario debemos corregir una serie de comportamientos que revestidos de equivocaciones nos van guiando para crecer en esos caminos que significan integrarnos al Creador. Y es que por estar desconectados, separados cual fragmentos, en esos nuestros entornos reina el caos, lo que es a su vez una oportunidad de pasar de ese estado que conocemos como la muerte y que se explica como un descenso espiritual, a la vida que es eterna.

Caída que algunos llaman infierno, espacio en donde quizá se reconozca con mayor claridad nuestro lejanía, oscuridad y con ello: lo que esta mal, incorrecto, incoherente, ya que todo cumple un propósito de bien si así lo queremos percibir y en este caso ese escenario sirve hoy para que atendamos la invitación celestial a ascender espiritualmente, donde el deseo de otorgar, de dar, de integrarnos es el que nos retorna al paraíso o Edén, entorno que simboliza nuestro estado de perfección al lado de nuestro Padre y Creador.

Con todo y ello hay quienes inconscientemente adoran la muerte y hasta la invocan, probablemente porque nuestras tradiciones milenarias confusas desconocen que tendremos un juico final, en donde todo parece indicar se terminarán las posibilidades de re direccionar nuestros caminos. Así que como creyentes conscientes de estos y otros efectos de la desobediencia, debemos orar solemnemente por todos aquellos que predican estos ritos frente a panteones, en donde alumbran con velas sus penumbras, siendo nuestra tarea la de buscar con nuestras plegarías el perdón para todos esos seres.

La muerte para quienes aceptamos el mensaje salvador de Jesucristo solo debe entenderse como otro momento de vida pero ahora en sala de espera, para luego en conjunto y tras su llamado, retornar al lugar que nos fue predestinado desde la Creación y del que nos alejamos voluntariamente como producto de nuestro desobediente ego, el mismo que no debe seguir guiando nuestros pasos o de lo contrario nos distanciaremos aún más de esa Luz que implica el integrarnos a la vida eterna al lado del Creador.

El Texto de Textos nos revela en I de Tesalonicenses 4:15, “por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta del Creador, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”.

Oremos para que no seamos muertos en vida.