Los seres humanos nos acostumbramos a una serie de rutinas que ejecutamos automática y por ende inconscientemente y debido a ello por ejemplo perdemos en ocasiones el sentido de la vida, ese que nos motiva para hacer una cosa y no otra, por lo que se hace necesario que a diario reflexionemos al respecto de lo que hacemos y los pensamientos que retroalimentan nuestras acciones para desde esa lógica realizar algunos cambios, especialmente en aquellos hábitos que no le están generando bien a nuestras vidas, así momentáneamente nos reproduzcan algún tipo de placer. Valorar nuestros hábitos y proponernos ejecutar conscientemente aquellos que sabemos le darán nuevos propósitos a nuestras coexistencias es entonces una de las más arduas tareas que debemos experimentar a diario.

Una perla cotidiana nos propone que “el tiempo contesta nuestras preguntas o hace que ya no nos importen algunas respuestas”.

Cuentan que cuando le preguntaron a una persona el cómo hacia para conservarse tan saludable esta dijo: – gracias a algunos hábitos que todos deberíamos trabajar a diario y que implican; comer por lo menos cinco veces al día incrementando el consumo de frutas y vegetales, así como el consumo de agua. Caminar por lo menos una hora diaria respirando con tranquilidad. Escuchar música que eleva nuestra alma y también leyendo por lo menos media hora diaria textos que enriquezcan nuestras existencias. Sonreír lo mas que podamos compartiendo con seres que nos llenen el espíritu e impregnarnos así de la mayor cantidad de pensamientos positivos que podamos. Orar por lo menos al levantarnos y al acostarnos durante diez minutos promoviendo todo lo que nos genere gratitud y confianza y con esa rutina descansar profanamente durante por lo menos ocho horas.

En una sociedad que irónicamente propone todo tipo de hábitos dañinos para nuestra salud física, mental y espiritual, este tipo de consejos aparentemente básicos se convierten en tareas esenciales para emprender en la búsqueda de lograr, a futuro, esa vida armónica y fraternal que tanto anhelamos.

El Texto de Textos nos revela en I de Timoteo 4:7, “desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!