El Texto de Textos nos revela en Éxodo 18:11, “ahora conozco que El Creador es más grande que todos los dioses; porque en lo que se ensoberbecieron prevaleció contra ellos”.

Nuestro actual calendario tomó como año cero el nacimiento de Jesucristo, según se dice por criterios del Papa Gregorio XIII. Desde aquellos días tenemos once meses de 30 o 31 días promedio y un mes más corto con 28 días de duración, que cada cuatro años sube un día en lo que se conoce como año bisiesto. Calendario Gregoriano que se utiliza administrativamente en casi todo el mundo, incluso en países y culturas con calendario propio, globalización que ha venido uniformando nuestros tiempos y fechas.

Dentro de estas cuentas, curiosamente el noveno mes del año tiene un especial significado para algunas culturas que inician en él sus ciclos de siembra. Con todo y ello dicho nombre no concuerda realmente con las cuentas, esas que hacen que hoy por hoy este mes sea realmente el penúltimo mes del año. Más hay otros calendarios que no atienden nuestras recomendaciones culturales como en china que celebran su inicio de año entre el 21 de enero y 21 de febrero del calendario gregoriano.

Y aunque los festejos y celebraciones son similares: con fuegos artificiales, con disfraces de dragón, esa nomenclatura animal le da al calendario del oriente una visión especial que dista incluso del calendario Hebreo que también es lunar, aunque ambos no superan los seis mil años en sus cuentas generales. Perspectiva que hace que cada tres años en oriente se añada un mes extra al calendario para lograr mantenerse dentro de los 360 días y 12 meses promedio. El mundo musulmán va en su año mil quinientos de historia, mientras que el calendario hindú, que se utiliza más en el sureste asiático, que enfatiza en nombres de meses de acuerdo a sus tradiciones se acerca también a los dos mil años de su era Shaka.

De allí que estudiosos de la cábala nos proponga otra perspectiva para contar nuestros días una que tiene que ver con la pronta llegada del séptimo día divino, el milenio para los cristianos y así con ese tiempo nuestro reposo en el Creador. Visión que como creyentes nos incita a que cada tarde al llegar la noche sea noche de luna nueva o cuando se avista la luna creciente por primera vez para iniciar otro mes esperemos el retorno de Jesucristo.

Lo trascendente es que atendiendo este y no otros calendarios o creencias o visiones de vida que nos marcan nuestros tiempos, es el momento más que de sumar días, semanas o años el ver a cada instante la posibilidad de integrarnos al Creador y así nuestros días esos que pasan y hasta pesan se conviertan en lo que realmente deben ser: instantes eternos dentro de un presente continuo en el cual nos extasiamos recreándonos con quien nos creo.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 24:22, “Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. 23 Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. 25 Ya os lo he dicho antes”.

Oremos para que sea el Creador el que guie nuestros días, semanas, meses y años.