Estamos muy prestos a juzgar a los demás y hasta a descalificarlos por sus comportamientos inadecuados pero en ocasiones no tenemos la misma medida para con nosotros y por el contrario excusamos aquello por lo que a otros condenamos, así las cosas deberíamos permitirnos cualificarnos primero que todo a nosotros corrigiendo aquellos aspectos que por nuestras acciones u omisiones pueden molestar a los demás y con ese ejemplo ayudar y acompañar las trasformaciones que esos otros necesitan y que requieren de tiempo para cambiar, por lo que con sabiduría debemos darles esa posibilidad para que ellos mismos denoten lo que deben hacer, cuándo deben hacerlo y cómo.

Una perla cotidiana nos recuerda que, “el bosque seria muy triste si solo cantaran los pájaros que mejor cantan”.

Cuentan que cuando el niño observó como su pelota había caído en el agua se puso a llorar por lo que su hermano mayor aquel que a veces le molestaba tomó unas piedras y empezó a lanzárselas haciendo suponer al chiquillo que este solo quería que la pelota se alejara más, pero para su sorpresa la piedras caigan lo suficientemente lejos de la pelota para solo generar unas continuas olas que hicieron que la pelota se acercara a la otra orilla del lago y así pudieran alcanzarla.

Es sano que aprendamos que aunque las demás personas se equivocan, como también lo hacemos nosotros, debemos darles la oportunidad de cambiar, más que criticándoles sus posturas, acompañándoles prudente y pacientemente en sus búsquedas para que ellas mismas quizá con nuestro sano ejemplo asuman esa posibilidad de transformación que la vida nos otorga a todos.

El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 2:14, “el sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!