El Texto de Textos nos revela en Proverbios 14:30, “el corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos”.

Contamos con un cuerpo compuesto por millones de células de las cuales conocemos lo básico, siendo necesario a veces el llamado que nos hacen algunas enfermedades para atender el verdadero valor de la vida. Cada partícula de energía y luz que retroalimenta no solo nuestro cuerpo sino nuestras relaciones en todos los niveles de vida debe retroalimentarse de la energía Superior Divina, proceso del que también ignoramos demasiado. Información que vamos adquiriendo y que debe guiarnos mas allá de nuestros instintos para que complementada con la Biblia aprendamos cómo debemos vivir.

Armonía que parece oponerse a nuestra ilusiones y expectativas disfrazadas de egoísmos y apegos así como a una serie de objetos y situaciones que solo tienen valor en nuestras mentes, las mismas que están tan preocupadas por el futuro incierto mercantil que se olvidan que este solo tiene sentido cuando nos reconocemos eternos. Quizá por ello obviamos que ese cuerpo es el templo en donde el Espíritu se reconecta con nuestra alma nutriéndonos del amor del Padre para alcanzar ese estadio de equilibrio.

Pero al no apreciar la vida menos nuestro cuerpo, moldeándonos bajo criterios estéticos engañosos invirtiendo así esos valores vitales y trascendentes, con lo cual solo deterioramos no solo este sino también nuestras interacciones diarias. Es necesario mantener el cuerpo en buena condición pero esa disciplina que es integral debe incitarnos mas que a perder algunos kilos a ganar más vida, más tiempo de calidad y más motivaciones para que todo tenga el sentido trascendente divino. De allí la importancia de conocernos y reconocer nuestro valor real.

Cada célula y partícula de nuestro ser y de este mundo, intercambia información lo que quiere decir que se comunican, lo que a su vez nos explica que nuestros cuerpos nos llamen la atención al respecto del trato que le damos. Por lo que el Espíritu que mora en nosotros y del que vivimos más que desconectados nos reclama por todos esos descuidos que hacen que nos alimentemos inconscientemente de todo aquello que no nos hace bien. Al honrar nuestro Templo de vida de la misma forma estamos acercándonos más a nuestro Padre Celestial, quien nos bendijo creándonos a su imagen y semejanza.

Cuando tratamos nuestro cuerpo como el templo donde mora el Espíritu del Creador le honramos retroalimentándonos de todo lo sano, bueno, bello y armónico que Él hizo para nosotros, siendo conscientes que estamos degustando de sus bendiciones tanto físicas, mentales como espirituales, las cuales percibimos como bien estar, lo que también incide en nuestras emociones esas que nos permiten tener armónicas relaciones con los demás y por ende sentirnos parte integral de una Creación.

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 6:19, ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis del Creador, y que no sois vuestros? 20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, al Creador en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son del Creador”.

Oremos para que nuestra alma se conecte en este templo temporal físico mental con el Espíritu del Creador.