Utilizando la analogía de la palabra debemos entender que hay momentos de nuestras vidas en donde se nos oscurecen nuestros caminos y con la vista nublada suponemos que no tiene sentido nada. Es allí en donde otras personas que cuentan con la luz suficiente para iluminar nuestro oscurecido camino deben aparecer para denotarnos esas y otras probabilidades que se nos presentan y que no percibíamos. Así es como nosotros también podemos iluminar las vidas de otras personas que se sientan a oscuras debido a que sus ideas no fluyen o simplemente porque están enceguecidos por sus preocupaciones. En todo caso al ser luz estamos aportándole a las vidas de esas personas que en algún momento lo requieren.

Una perla cotidiana de Galileo Galilei afirma: “nada puedes enseñar a un hombre; sólo ayudarle a encontrarlo por sí mismo”.

Cuentan que cuando la niña le preguntó a su abuelo lo que significaba ser una persona santa este le dijo: – los santos son seres que entendieron que debían compartir la luz del Señor que se sembraba en sus seres, al separarse de lo cotidiano del mundo y así en medio de esa sombras ser una especie de vitral a través del cual brillará esa luz del Creador que le hace falta a quienes están lejos de esa luz divina.

Y aunque puede parecer una visión un tanto religiosa esta demostrado que se trata de comprender que en el interior de los creyentes hay una especie de luz que debe iluminar las vidas tanto de ellos mismos como de todos los que se acerquen a ellos, logrando adicionalmente como si fueran unas velas dar de esa luz a quienes igual que ellos decidan emprender ese camino cristalino.

El Texto de Textos nos revela en Santiago 1:12, “bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que el Creador ha prometido a los que le aman”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!