Se cree que uno de los motivos para que nos rindamos más rápido de lo que suponíamos tiene que ver con que desde nuestra infancia nos enseñaron a que un tercero especialmente nuestros padres vendría a socorrernos antes de tiempo, lo que hizo que esperemos que ante cada nueva prueba esperemos esa sobreprotección y por ende no encontremos en nuestro interior las fuerzas necesarias para superar aquella adversidad y crecer. Se trata entonces de aprender y con esas nuevas enseñanzas descubrir que algunos de nuestros temores son infundados y simplemente producto de una herencia en donde nos llevaron a presuponer que otros tenían que enfrentar las cosas que realmente debemos asimilar nosotros en carne propia.

Una perla cotidiana nos comenta: “los túneles vacíos son los que hacen mas ruido”.

Cuentan que cuando la madre creyente observó como su hija se rendía y no quería continuar más preparándose para las futuras competencias debido a que no alcanzaba en entrenamiento los tiempos necesarios, espero a que llegaran a casa y allí le dijo: – recuerda que ante el único que hay que rendirse es ante el Creador ya que Él nos puede ayudar a soportar las demás pruebas que solo sirven para nuestro crecimiento.

Parece que es normal que nos rindamos, lo que nos invita a poder entender cuando y ante quien lo hacemos y es que si realmente entendiéramos que debemos ser nosotros los que controlamos algunos pensamientos y no estos a nosotros seguramente trabajaríamos en evacuar ese tipo de reflexiones para motivar otras visiones que son mucho más favorables para un estilo de vida consecuente con nuestra humanidad.

El Texto de Textos nos revela en e Salmo 46:1, “El Creadores nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!