El Texto de Textos nos revela en Malaquías 4:4, “acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel. He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”.

Los estudiosos de la Torá aseguran que producto de una contracción voluntaria del Creador, retrajo gran parte de lo que nosotros consideramos como su Luz hacia sí mismo, creando un espacio vacío y los fragmentos de materia que hoy entendemos como nuestro universo. Moléculas que sin embargo están interconectadas y nos permiten hacer parte de un mundo material al que como seres vivientes nos debemos integrar atendiendo esa dimensión espiritual que siendo parte de la Luz divina nos llama a reconectarnos.

Plan que fue preconcebido para crecer como hijos en nuestro libre albedrio y del cual derivaron los conceptos abstractos que humanos nos dominan y que nos llevan a percibirnos como en pecado o castigados producto de nuestra separación con el universo Superior. Confundidos en esa orbe debemos hacernos conscientes de todo ello sin poder retroalimentarnos del árbol de la vida sino del conocimiento del bien y el mal hasta voluntariamente nos reconectemos a su Espíritu a través de nuestra alma.

Nuestra emanación, creación, formación y materialización, son momentos a través de los cuales podemos entender mejor nuestras realidades sin embargo ello solo nos denota una parte del todo debido a que comprendemos el mundo a través de la dimensión mental producto de nuestro sesgado y limitado lenguaje que no tiene la capacidad de explicar lo infinito e ilimitado de todo a través de unos imaginarios igualmente finitos que no cuentan si quiera con la simbología para poder expresarse de estas orbes.

La bella tarea que nos toca y nos compromete, es la de asimilar que somos parte de una Creación de la cual sospechamos algo debido especialmente a las manifestaciones de nuestro Padre Celestial, las que podemos percibir si nos integramos como cuerpo, mente, alma con el Espíritu gracias tanto a la guía de su Palabra como de dejar que ese fluir se tome nuestro cuerpo como templo, viviendo ya no solo de acuerdo a nuestro disperso entendimiento y costumbres mundanas, sino a un vinculo permanente con el Creador.

Todo la Creación gime y nos llama la atención incluso a través del mismo aire que transpiramos y el cual nos interconecta tanto con nosotros mismos como con el todo para que entendamos que somos hechura de un Padre Celestial, lo que de alguna manera significa que aun suponiéndonos lejos, Él permanece cerca para que podamos a través de nuestros actos cotidianos llenarnos de su amor y misericordia y así retomar el camino que nos llevará a nuestra morada celestial eterna.

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 12:25, “Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos”.

Oremos para que en todo podamos vislumbrar la presencia de nuestro Creador.