El Texto de Textos nos revela en Génesis 12:1, “Pero el Creador había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.

Se le llamo judíos a aquellos que provenían de la región de Judea, יהודה, Ieúda, territorio que ocupa en parte hoy Israel y los Palestinos y se cree además que el concepto viene de la combinación de dos palabras hebreas: Yavé y odeh, alabanza o adoración, genética que da la idea que esos descendientes de Judá que además son los doce hijos de Jacob, los mismos que salen de la línea de Isaac y por ende del patriarca Abraham son el pueblo Hebreo el cual escogió el Creador cuando se le revelo a este en la región de Ur.

Por lo cual el judaísmo se ha caracterizado históricamente por su sistema de creencias monoteístas, que acompañadas de tradiciones, costumbres y un modo de vivir apegado a los mandatos divinos que se encuentra en la Torá, les proporciona a ellos una cosmovisión para entender el mundo de una forma diferente, tanto, que curiosamente su modelo de vida los ha convertido en uno de los pueblos históricamente más perseguidos.

Conflictos que además los ha llevado a perder por momentos su tierra prometida la cual les fue entregada en las mismas sagradas escrituras, guía que les ha permitido el no asimilarse a algunas culturas idolatras y paganas que por momentos les dominaron. Manteniendo de alguna forma su ortodoxia y apego a los más de seiscientos preceptos que parten de la base que su ADN no esta solo en la sangre, sino en su alma, por lo cual heredan esa condición de la línea materna, convencidos para ello que la identidad del alma está más moldeada por la madre que por el padre.

Es por ello que la trasmisión generacional de ese modelo de vida durante los casi seis mil años de su historia transferida a sus nuevas generaciones se ha basado en la enseñanza de la Torá, siendo el único pueblo que pese a algunas desobediencias plasmadas en la misma Biblia se ha mantenido en dichas directrices divinas, denotándonos con ello que el mundo físico al que tanto le damos importancia, simplemente es un paralelo temporal del mundo espiritual al que realmente pertenecemos todos.

Bajo esa mirada quizá lo más importante de destacar dentro de las muchas cosas valiosas de esta cultura y de este pueblo, es que han logrado con el paso de los años y su expansión por el mundo evitar perder algunas de esas costumbres legendarias que le ha caracterizado. Preceptos y mandatos que aunque han desobedecido en parte siempre les recuerdan a ellos y a todos los pueblos que la única manera de sabernos vivos y completos es siendo guiados por nuestro Creador.

 

El Texto de Textos nos revela en Juan 4:21, “Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”.

Oremos para que aprendamos más del pueblo Judío.