El Texto de Textos nos revela en Levítico 24.22, “Un mismo estatuto tendréis para el extranjero, como para el natural; porque yo soy Jehová vuestro Creador”.

La humanidad peco desde el momento que Adán y Eva comieron del fruto del árbol del conocimiento, sin embargo dice la Cábala que desde ese mismo instante comenzó nuestro camino de redención, el cual implica una decisión personal de mejorar, de crecer, de hacer y con ello el aceptar conscientemente a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador para que con su amor nos transformemos gracias a la guía del Santo Espíritu. Queda claro entonces que no es posible que vislumbremos ese camino de regreso al Edén por nosotros mismos ni tampoco que hagamos sacrificio alguno para expiar dicho pecado.

Esa salvación entendida desde una perspectiva macro nos invita a limpiar nuestros pecados yendo más allá de actos de contrición de la mano de Jesucristo quien redimió ya estos pero nos guía con su Espíritu para vivir en amor conforme a sus preceptos. Su sacrificio nos ayuda a reconocer todas nuestras transgresiones y apartarnos de ellas. Motivación que hace que quienes entendemos tan magnifico regalo divino queramos compartirlo con todas las demás personas que no saben o se perciben como pecadores.

Es bien sabido para un creyente que nuestras supuestas buenas obras no tienen ningún valor para el Creador frente a la salvación que Él nos ofrece, por lo cual su petición es simple y concreta: creer en su hijo, Jesucristo a quien nos envió para rescatarnos y mostrarnos ese único sendero de reconciliación. Sin embargo es tan sencilla esta petición pero a la vez tan compleja, que hay quienes prefieren suponer que dicha visión restauradora es producto del fanatismo de unos creyentes y no un mandato divino.

Desde esa perspectiva la crucifixión de Cristo sigue generando amplios debates entre quienes por no entenderse como pecadores no acceden a la guía del Espíritu Santo y por el contrario siguen convencidos incluso que no existe el pecado original y que más bien producto de esas elucubraciones históricas de algunos creyentes, se sigue distorsionando la historia de alguien que pueden percibir como un maestro, más no como el Creador humanado.

Lo cierto es que a partir del momento que una persona comprende lo que significa el pecado y el inmenso amor del Creador por esta humanidad, asimila con mayor facilidad el acto salvador. Se trata entonces de percibirnos como seres impíos y corruptos, contaminados por esa decisión errada de nuestros padres primigenios y que nosotros hemos perpetuado al fragmentarnos y alejarnos de la luz del Creador. Desobediencia por la cual tuvimos que ser rescatados por Él mismo o de lo contrario no podríamos tener ninguna esperanza.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 4:12, “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Oremos para poder entender que Jesucristo es nuestro salvador.