El Texto de Textos nos revela en Isaías 1:3, “El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento”.

Cuando aceptamos que debemos ser gratos reconocemos que la vida no nos debe nada y que todo lo que tenemos es un regalo inmerecido de nuestro Padre Celestial que en su amor y misericordia eterna nos ha dado incluso más cosas de las que necesitamos, no para que nos adueñemos de ellas sino para que como mayordomos suyos, les demos el mejor uso en función de la armonía divina.

Probablemente por ello en Norte América se celebra regularmente una fiesta que surgió gracias a los peregrinos que viajaron desde Inglaterra y se encontraron con los indios nativos de Massachusetts quienes les dieron una bienvenida muy calurosa y amable, tanto que les ofrecieron y les iniciaron en todos sus conocimientos sobre la agricultura, la ganadería y la caza. Así que al pasar los meses, los peregrinos decidieron agradecerles el gesto e invitar a cenar a los indios con la cosecha que habían hecho. Ese invierno fue muy duro y tras sobrevivir todos ellos y más la cosecha dicha celebración duró varios días en la que disfrutaron de abundantes alimentos, bebidas y diversión.

A raíz de eso cada año se reunían para dar gracias por la cosecha conseguida, con todas las familias alrededor de la mesa. Sin embargo y con el pasar de los años a esta historia se le han agregado otras versiones que hablan de un día en que llegaron miles de pavos para saciar el hambre de quienes clamaban por comida y otras versiones incluso más mercantiles que promocionan el Black Friday en donde todas las tiendas abren full time y ofrecen sus mejores descuentos a los clientes. Lo importante para resaltar es que se mantiene dicho encuentro familiar que nos incentiva siempre a dar las gracias, dejar de lado los desacuerdos y mantenernos unidos.

Visión que no deberíamos llevar a un solo día del año, sino a nuestras cotidianidades en donde desde nuestro hogar reconocemos las muchas bendiciones inmerecidas que a diario nos favorecen y que percibimos como naturales y normales. Y que regularmente solo valoramos cuando acontecimientos que denominamos adversos y que estropean nuestras expectativas nos llaman la atención.

Pensar que nos merecemos todo, es quizá lo que nos lleva a que constantemente estemos enojados, resentidos y hasta frustrados. Y es que esa visión no solo es engañosa, distorsionada de la realidad producto de nuestro ego sino descontextualizada ya que nos otorgaron todo, la vida, pero debemos estar dispuestos a dar e incluso a devolverla. Eliminar de nuestras vidas ese sentimiento de percibirnos merecedores y por ende siempre dignos de recibir es algo que nos ata. La idea contrariamente es la de ser siempre gratos.

El Texto de Textos nos revela en Colosenses 3:17, “y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias al Creador Padre por medio de Él”.

Oremos para poder reconocer que es mucho lo recibido y poco lo que damos.