El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 7:14, “bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus ganados. 15 Y quitará el Creador de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren. 16 Y consumirás a todos los pueblos que te da Jehová tu Creador; no los perdonará tu ojo, ni servirás a sus dioses, porque te será tropiezo”.

Se dice que una cosa son los llamados o los elegidos y otra los escogidos, categoría que para algunos estudiosos solo pueden tener los nacidos de padres Judíos. Sin embargo y más allá de toda esta clasificación y lo que ello nos pueda o no significar, lo importante para esta reflexión es entender que fue el mismo Creador incluso desde mucho antes de crearnos, quien nos eligió para llamarnos sus hijos y por lo tanto aún sin sabernos dignos de ello deberíamos agradecerle por tan inmerecido titulo.

Ahora e intentando explicarnos cuál puede ser la verdadera diferencia de estos dos conceptos, podemos asumir que el ser escogido implica, que siendo seleccionados entre otros hombres y sus descendientes, los judíos han sido direccionados al respecto de unos preceptos que se encuentran en la Torá y que deben seguir al pie de la letra para mantenerse dentro de esta categoría, mientras que nosotros los llamados o elegidos sin desconocer dichos Textos tenemos más cerca nuestra Salvación, gracias al acto de Jesucristo en la cruz por nosotros, quien expió nuestros pecados y con la guía del Espíritu Santo nos orienta para retornar al jardín del Edén.

Y gracias a esa diferencia trascendental quienes creemos en Jesucristo podemos expresar con mucha simplicidad que el tema es de Fe y no de obras. Vale la pena entonces aclarar que el simple hecho de creer en Jesucristo transforma nuestras vidas. Y aunque se puede decir que hay personas que han aceptado a Jesucristo y no han cambiado para nada sus existencias, ello solo nos demuestra que no es un tema de verbalización sino de modelo de vida. Ya que Él con su pureza trasforma nuestras impurezas.

Es claro que quienes manipulan estos conceptos tanto, que prefieren pensar que la salvación y rescate de nuestros pecados se da por seguir exclusivamente unos mandatos, se quedarán con esa visión estrecha que al respecto tienen los Judíos, lo cual es válido más los creyentes tenemos otra visión en la cual reconocemos que voluntaria y humanamente no es imposible agradar al Creador por más perfectas que consideremos nuestras obras ya que es solo cuestión de Fe.

Lo que no desdice de esa pequeña minoría Judía que se ha mantenido en el seguimiento de esos mandatos pese al paso de las civilizaciones y las costumbres avasallantes también alcance los mismos resultados. Quizá por ello la historia de ese pueblo explica el por qué ellos han sido tan perseguidos y a la vez cómo el Creador les guía para demostrarles que son suyos. Se trata en todo caso que valoremos la enorme oportunidad que nos abrió Jesucristo con su acto de amor en la cruz para sabernos elegidos de retornar al lado de nuestro Padre.

El Texto de Textos nos revela en I de Juan 1:9, “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 10 Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”.

Oremos para saber que el Creador eligió escogernos también.