El Texto de Textos nos revela en Jueces 6:34, “ entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el cuerno, los abiezeritas se reunieron con él. 35 Y envió mensajeros por todo Manasés, y ellos también se juntaron con él; asimismo envió mensajeros a Aser, a Zabulón y a Neftalí, los cuales salieron a encontrarles”.

Mucho se habla de dones dados por el Creador a la humanidad, pero no hay uno mayor que la presencia del Espíritu Santo en nuestros seres, el cual cumple diversas funciones y actividades para nuestras existencias que van desde obrar con corazón limpio hasta convencernos que somos pecadores y por ende nuestra necesidad de corregirnos para que nuestra conciencia admita las verdades de la Creación. Convicción que debe acompañarse en la Fe en Jesucristo como salvador pues solo a través de Él volveremos al reino.

Una vez aceptamos a Jesucristo como Señor y Salvador, el Espíritu Santo hace su morada en nuestros seres se conecta con nuestras almas sellándonos con la confirmación, certificación y seguridad de la promesa de nuestro estado eterno como sus hijos. Es por ello que el mismo Jesucristo nos hablo que convenía su partida, ya que gracias a ella tendríamos un ayudador, consolador y guía. Sí al propio Espíritu del Creador a nuestro lado que de forma permanente nos anima y exhorta. Maravillosa compensación ante la ausencia temporal de Jesucristo que en su retorno nos llevará con Él hacia su trono.

Más solo el Espíritu Santo puede revelarnos esta plena verdad, esa que nos hace libres y que nos permite a su vez comprender totalmente los mensajes de la Palabra, la cual a través de Él nos revela a nuestras mentes todos los consejos y guía del Creador. Así que tenemos en Él ese orientador fundamental, ser que va delante de nosotros, mostrándonos el camino, removiendo obstáculos, abriendo nuestro entendimiento permanentemente para poder actuar de una forma más clara y correcta.

Aunque hay quienes creen que están invocando al Espíritu Santo permanentemente, sus actitudes contrarias nos demuestran que están siendo engañados no solo porque siguen expuestos a caer en el pecado, sino porque consideran que los dones a través de Él otorgados a los creyentes, son como actos de hechicería, de esos que solo alimentan nuestros egos, cuando la principal función del Espíritu es mantener ese yo imaginario, nuestro ego, lo más aterrizado que podamos.

Agradezcámosle al Espíritu Santo el revelarnos la Verdad ya que solo por Él podemos comprender que Jesucristo es el hijo del Creador y convencidos de su deidad y encarnación y su identidad como Mesías, podemos valorar aún más todos sus esfuerzos por recatarnos y redimirnos, sabiendo que su resurrección y ascensión, significa a la vez su exaltación en donde al estar a la diestra del Padre cumplirá con la función de Juez misericordioso.

El Texto de Textos nos revela en Gálatas 5:18, “Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. 19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino del Creador. 22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.

Oremos porque el Espíritu Santo guíe nuestros días.