Hay una enorme diferencia entre corregir algo que hemos hecho y el enmendarlo, ya que en el primer caso nos podemos quedar con el aprendizaje del error intentando que este no se cometa más y por ende transformarlo a través de algunos hábitos que posibilitarán que esta acción no se repita. Más el enmendar implica un paso mayor en donde no solo reconocemos el error, buscamos disculparnos con aquellas personas que pudieron ser afectadas por nuestra acción u omisión sino que además buscamos compensar a estas personas aportándoles algo nuevo que les permita también a ellas crecer gracias a nuevos acuerdos y a un acercamiento mayor con nosotros.

Una perla cotidiana de Sócrates nos aconseja que nos casemos: ya que “si encuentras una buena esposa serás feliz, si no te harás filósofo”.

Cuentan que en una cotidianidad el nieto busco a la abuela para rogarle le perdonara por todos los errores y fechorías cometidas para con ella en sus años de infancia y adolescencia por lo que esta le contesto: – si pudiese borrar todos los errores de mi pasado, estaría borrando toda la sabiduría de mi presente por lo tanto agradezco tus disculpas y las valoro ya que allí observo que ya estas colocando en práctica muchas de las enseñanzas que te llevaron en esos días a ser rebelde.

La vida nos da en su maravilloso proceso la oportunidad de ir madurando y con ello el ir reconociendo los errores cometidos, muchos de los cuales hacen parte de momentos en donde las emociones y no la razón dominaban nuestras coexistencias. Es por ello que vale la pena dejarnos guiar por ese paso de los años para poder a través de ellos ir experimentando nuevas posibilidades, algunas de las cuales nos incentivan a corregir y enmendar errores.

El Texto de Textos nos revela en II de Timoteo 1:8, “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!