Se dice que el aburrimiento es una emoción que nos denota que el tedio, las reiteraciones, las rutinas y la misma vida están perdiendo sus propósitos, tal vez por ello hay quienes asimilan a este sentimiento con la falta de interés por las cosas cotidianas de la vida y en el peor de los casos por la perdida de deseos de existir, lo que redunda en que las actividades que se nos presentan no queramos realizarlas, siendo lo más peligroso de este estado que busquemos diversos distractores algunos de los cuales se convierten en adicciones, debido a que el dilema se encuentra dentro de nosotros pero desde nuestra perspectiva buscamos soluciones en lo exterior.

Una perla cotidiana nos invita a que “no culpemos a nadie sino que asumamos el cambio y por lo tanto no nos quejemos de nuestra suerte sino que la enfrentemos”.

Cuentan que en una ocasión el docente le decía a sus estudiantes como el verso de un poeta francés que decía “el aburrimiento nació un día de la uniformidad”, generó un gran eco en pensadores como La Fontaine y Balzac quienes reflexionaron al respecto de cómo nuestras propias rutinas nos asustan y le quitan el sentido a nuestras existencias, así dicho aburrimiento se convierte en una experiencia cotidiana que le quita brillo a todo, lo hace monótono, sin novedades y nos llena de decepción y depresión, que luego se convierte en miedo.

Mucho se nos habla del aburrimiento y hasta de sus causas pero parece que poco entendemos de la necesidad de enfrentarlo con motivaciones interiores que nos devuelvan el sentido de la vida y con él los deseos de compartir y relacionarnos sanamente con todos nuestros próximos.

El Texto de Textos nos revela en II de Pedro 1.5, “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!