El Texto de Textos nos revela en Isaías 35:5, “entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán.

A través de nuestros sentidos capturamos una información de esos nuestros entornos la cual es una replica de la que ya esta en nuestro ser incluso desde el momento que nos hacemos parte del vientre de nuestras madres y que al nacer va despertándonos a esta realidad para con dicha información afectar todos los conocimientos y costumbres provocando así una sesgada conciencia al respecto de la vida. Así es como vamos pasando de la oscuridad, a las sombras y luego a una luz más plena que inicialmente confundimos con la del sol y otros astros y luego si así lo permitimos a la Luz Divina.

Cada nuevo concepto ilumina nuestras realidades con lo cual le vamos dando un sentido a nuestras existencias, las cuales gracias a nuestras interacciones e interrelaciones van generando nuevas luces para que nuestra ignorancia entendida como nuestra mayor oscuridad se recree en la Luz del Creador y con ella todo aquello que capturan nuestros sentidos le de a nuestras vías incluso una mejor y mayor comunicación con nosotros mismos. Orientación que hará que lo que hagamos y somos se ajuste con cada nuevo conocimiento, transformando con ello incluso aquello que existe a nuestro alrededor.

Es por ello que con cada percepción recibimos no solo información que nos permite interactuar con dichos entornos de manera segura e independiente sino a la vez los destellos y manifestaciones del Creador para reintegrarnos a su Luz. Con lo cual cada sensación ya decodificada por nuestro cerebro se debe convertir más que en estímulos que alteran nuestro ser, en indicadores para que todo lo que capturemos, pensemos, hablemos o actuemos nos permita esa integración con lo celestial.

Es para ello que capturamos la luz, el sonido, los sabores, los olores, el calor o el frío y todo aquello que siendo reacciones que luego conceptualizamos como visión, audición, olfato, tacto o gusto, nos demuestran que estamos embebidos en unas interacciones que además nos deben provocar una información gracias a la decodificación que hace nuestro pensamiento, impulsos que motivan nuestras existencias y que le deben dar un sentido a estas o de lo contrario nuestro vínculo con ese mundo exterior no cumple con los objetivos para los cuales el Creador nos formo.

Valorar estas cualidades receptoras que nos llevan a especificar algo, a estimularnos y hasta adaptarnos a este mundo, es de suma importancia pero lo es más, el posibilitarnos a adecuar nuestros sentidos de vida para percibir cada vez más todas las manifestaciones del Creador que a diario se dan y que nos  llaman la atención para que corrijamos el sentido de nuestras vidas y gracias a ello nos integremos más y más a Él.

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 12:17, “Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? 18 Mas ahora el Creador ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso”.

Oremos para que nuestro sentidos atiendan más al Creador que a todo lo que a diario nos distrae.