El Texto de Textos nos revela en Malaquías 3:16, “entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. 17 Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. 18 Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve al Creador y el que no le sirve”.

Los nombres tienen significados especiales que no solo debemos descubrir sino también honrar. Nombres que aunque en algunos casos nos describen y nos acercan a los demás. Probablemente por ello la Biblia nos denota cómo el pueblo de Israel fue digno de salir de Egipto debido a que no cambió sus nombres. Es decir, que gracias a ello cada quien corrigió su existencia y atributos según su propio potencial de modo que gracias a esos nombres hubo una corrección general de todo el pueblo.

Metáfora que nos lleva a comprender que los nombres tienen que ver incluso con nuestro progreso espiritual y por ello el pueblo Judío tiene claro que a través de ellos puede elevarse a un nivel más alto, lo que nos invita a nosotros como creyentes a que cuando queramos bautizar a un recién nacido, intentemos ponerle un nombre especial que le motive a buscar del Creador y que gracias a esa reiteración nominal busque esa conexión especial con las fuerzas superiores del mundo espiritual.

Lo que no quiere decir que quien no tenga ese modelo de nombre se lo deba cambiar o se considere excluido del reino de los cielos, ya que todos en este mundo debemos atender más a las fuentes de luz interior que aduciendo o no a nuestros nombres nos permitan ser guiados por la palabra de amor las que nacen de alguna forma de las veintidós letras del alfabeto Hebreo con el fin de iluminar nuestros actuales lenguajes y aportarnos en un universo en donde la oscuridad y el vacío predominan.

Busquemos que nuestros nombres impliquen el darnos a la tarea de acercarnos más y más a esa fuente espiritual y que gracias a ello cada interacción sirva también para reconectarnos todos con el mismo Creador para que así gracias a esa visión hasta nuestras palabras siguiendo las recomendaciones del pueblo Judío nos sean útiles en esos propósitos que confundidos por otro tipo de denominaciones nos desvían de nuestros verdaderos senderos usando tan bello instrumento de forma incorrecta.

No perdamos de vista que si estamos o no desconectados de esa unidad contamos con un lenguaje que debemos asumir conscientemente para obviar todas esas influencias especialmente las lingüísticas que están ejerciendo incluso fuerzas contrarias a esos propósitos. Lo importante siempre será que no solo sintamos que nuestro nombre nos acerca al Creador sino que nuestro corazón, acciones, palabras, pensamientos, emociones e interacciones nos unen a Él de forma permanente.

 

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 2:17, “el que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré del maná escondido y le daré una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe”.

Oremos para que nuestro nombre asimile los llamados de la Creación.