El mismo universo esta constituido de pequeñas partículas algunas de las cuales son imperceptibles para nosotros y por ende las consideramos hasta inexistentes, pero están allí conformando todo lo que nos constituye. Y esa premisa física nos sirve para comprender que nuestros pensamientos se consolidan gracias a pequeñas palabras, silabas, sonidos que al articularse unos con otros constituyen nuestro lenguaje. Así las cosas debemos tener en cuenta todos esos pequeños actos, pensamientos o palabras que hacen parte de nuestras coexistencias, ya que gracias a la sumatoria de ellas estamos provocando un modelo de vida que si deseamos cambiar implica además de la revisión de todo ello que denominamos pequeñeces: de los diminutos cambios que lentamente generan las grandes transformaciones que tanto anhelamos.

Una perla cotidiana nos invita a “pensar erróneamente, si queremos, pero en cualquier caso lo ideal es pensar por uno mismo”.

Cuentan que cuando le preguntaron al profesor de economía el por qué insistía tanto en sus clases en el tema de los crecimientos decrecientes si esta era una teoría bastante compleja para la realidad económica mundial, este expresó: – en resumen quiero hacerle entender a mis alumnos que lo pequeño es mas hermoso y en ocasiones más que necesario.

Y es que aunque no lo tengamos en cuenta todo lo que consideramos grande e incluso inmenso esta compuesto de pequeñas partículas que consolidaron aquello que no reconocemos desde lo pequeño. Lo que quiere decir que si anhelamos alcanzar en nuestras vidas grandes logros debemos tener en cuenta los pequeños actos que consolidan a diario nuestras coexistencias y la suma de estos hacen que por ser continuos se alcancen las metas planeadas.

El Texto de Textos nos revela en Juan 6:35, “Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!