Es innegable que hasta la persona más egoísta comparte con algunos seres que considera queridos o especiales pero también con cientos de seres que considera solo hacen parte de esos pequeños círculos que calificamos como amigos o familia olvidándonos así de las demás personas, al punto que somos capaces de ver a estas en complejas necesidades y nada nos preocupa. Incluso es bien sabido que nos forman para competir más que para compartir, lo que implica intentar cambiar ese modelo mental para proyectarnos como partes integrales de una creación que nos motiva a sabernos útiles los unos para con los otros, colocando nuestros dones, búsquedas y esfuerzos al servicio de ese bienestar general el cual incluye lógicamente nuestro propio bienestar.

Una perla cotidiana nos comenta que “lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia”.

Cuentan que cuando el abuelo observó como su nieto se obsesionaba por el dinero al punto que se olvidaba de su propia esencia humana y metido en su egocentrismo y egoísmo maltrataba a sus propios seres cercanos, lo llamó para mostrarle cómo un vidrio de cristal al colocársele una capa de plata se convertía en espejo. Pero como este no entendía la enseñanza, el abuelo le dijo: – la diferencia entre el espejo y el cristal es que cuando ves a través del cristal te sabes parte del todo ya que compartes y visionas con los otros, pero cuando le colocaste la capa de plata este se hace espejo y ya solo te ves tu, lo que te hace suponer que solo existes e importas tu.

 

Que maravilloso que aprendamos que en vez de competir como nos lo programan desde nuestros primeros años en las sociedades mercantiles nos propongamos el compartir más y con ello sabernos próximos.

 

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 18:20, “del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; se saciará del producto de sus labios”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!