El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 3:11, “todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho el Creador desde el principio hasta el fin. 12 Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; 13 y también que es don del Creador que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor”.

Frente a nuestras múltiples ignorancias y desconocimientos anhelamos de alguna forma percibir la presencia de nuestro Creador o pruebas fehacientes, más lo único que podemos aceptar por fe es su existencia asumiendo que las evidencias las encontramos si así lo asumimos tanto en la naturaleza como en nuestras propias vidas, sin embargo producto de las especulaciones que ello nos despierta terminamos convirtiendo muchos de esos contra argumentos en creencias que curiosamente desvirtúan esa gran verdad latente.

Los credos afectan a diario nuestros sentidos y nos han llevado como especie no solo a admirar, venerar e idolatrar a una serie de imaginarios que hasta desdicen de la majestuosidad de nuestro Creador sino a perpetuar una serie de suposiciones que nos llevan a pensar que de la nada se creo todo o depositar nuestra confianza en cualquier imagen tallada incluso por manos humanas cual si fueran deidades a las que les abrogamos omnipotencia y omnipresencia.

Dichas filosofías de vida plagadas de errores solo nos alejan más tanto de Él como de los preceptos que distorsionados por costumbres humanas desvían nuestras coexistencias de los propósitos divinos. Mirada global que hace que algunas creencias disfrazadas de religiones y ritos promuevan otro tipo de mandatos, obviando con ello que esa: guía, gracia, misericordia y amor hacen parte del fundamento que nos puede mantener a salvo de nuestras propias egoístas e inconscientes búsquedas mercantiles.

Cada credo desde una visión espiritual en la que todos ellos se deberían fundamentar nos deben inducir más bien a entender que las cosas ocultas no lo son tanto, ya que esos denominados misterios de nuestro Creador solo sirven para hacernos cada vez más conscientes de lo alejados que estamos de Él y por lo tanto de la necesidad de acercarnos a esas sus manifestaciones, las mismas que encontramos si así lo queremos tanto dentro de nosotros como en todos nuestros entornos a través de los cuales su luz, energía y amor podríamos percibir.

Así que en vez de intentar que nuestras religiones nos arrojen revelaciones excepcionales para poder creer debemos reencontrarnos a cada instante con ese Ser Supremo que nos incita a coexistir en armonía con su obra, en la cual lo oculto no es más que producto de nuestra ceguera espiritual, esa que podríamos evitar si nos apegáramos más a su Palabra para que a través de ella redescubramos incluso el para qué se nos manifiesta Él como padre y hacedor.

El Texto de Textos nos revela en Marcos 12:32, “entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 33 y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios”.

Oremos para que se nos aumente nuestra fe a través de nuestros Credos.