Son variadas las explicaciones históricas al respecto de por qué agredimos a otros llegando incluso a través de las guerras a matarnos, cuando estamos llamados es a agradarnos, a acercarnos y a construir acuerdos para nuestras armónicas interrelaciones. Y aunque hay quienes justifican sus comportamientos agrestes con este tipo de visiones tal vez añejas, es bueno que empecemos una nueva historia en donde nos demos cuenta que la fuerza no es la que debe inducir a una relación respetuosa y menos a la imposición de unos argumentos cuando tenemos la capacidad de exponer estos de manera dialogada. Se trata entonces de comprender que podemos enseñar a las nuevas generaciones del valor de la autoridad sin tener que imponerles castigos sino guiándolos para que consoliden auto correctivos.

Una perla cotidiana nos cuenta: opinión es lo que tu sostienes, convicción es lo que te sostiene a ti”.

Cuentan que cuando el maestro observó el cuerpo golpeado de su alumno llamó a sus padres a una reunión urgente y luego de escuchar sus explicaciones al respecto de por qué habían disciplinado con golpes a aquel chiquillo les dijo: – con todo respeto quiero que sepan que un golpe no genera respeto, por el contrario produce rabia, resentimiento, miedo, hasta baja auto estima y en algunos casos la peligrosa creencia que nos lleva a suponer que el agredir a otros es algo normal y necesario para lograr que mejore sus conductas y se haga persona de bien.

Y es que contrario a lo que pensamos la autoridad no debe generarnos miedo sino respeto y dicho aprendizaje se puede lograr con amor, con palabras coherentes que nos inviten a hacer lo que desean nuestros cuidadores y no tanto a llenarnos de prohibiciones que solo nos generaran tentaciones.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 5:14, “vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!