El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 11:10, “aleja de tu corazón el enojo, y echa fuera de tu ser la maldad, porque confiar en la juventud y en la flor de la vida es un absurdo”.

Parece que entre la inseguridad, la incertidumbre y los engaños producto de nuestras milenarias ignorancias hemos preferido promover visiones egoístas que nos incitan a querer adueñarnos y apegarnos de todo y de todos, aun sabiendo que nada nos pertenece. Concepto de propiedad que además de alimentar ese ego pecaminoso nos convierte en seres insatisfechos, que buscan llenar ese vacío existencial con ilusiones e imaginarios que solo profundiza en esas sin razones. Y en ese camino errado se consolidan además propuestas de protegernos de los que siendo iguales convertimos en enemigos ya que preferimos competir que compartir.

Así es como se han ido consolidando reinados, estados, naciones y todo un conglomerado de ideas sobreprotectoras y especulativas que nos han llevado a subdividirnos en diferentes clases sociales, abolengos, estirpes y otras reclasificaciones sociales y económicas que obvian que debemos más bien cualificarnos y complementarnos. Obviando además que nuestros textos sagrados hablan de unidad, de integración, de relaciones fraternales, de corregirnos, en fin de amarnos.

Sin embargo y producto de seguir retroalimentándonos históricamente del árbol del conocimiento del bien y el mal, hemos preferido separarnos más, distanciarnos, recrearnos en fronteras incluso invisibles que nos han conducido a guerra en busca de percibirnos como invencibles cuando la misma naturaleza nos habla que somos indivisibles y por lo tanto partes de una Creación que percibimos como separada.

Desde esa lectura simple y concreta no hay razón para seguir promoviendo fronteras es mas si nos permitimos hacer una observación juiciosa, ojala desde el aire, nos percataremos que a no ser por algunos caminos y carreteras elaborados por el hombre, no existen todas esas líneas separatistas que históricamente hemos potencializado las cuales son solo producto de imaginarios e intereses egoístas. Por lo que lo lógico es entonces obedecer y cumplir con esa única condición de amar a otros como al Creador.

El mismo Texto de Textos es claro en motivarnos hacia la unidad de todas las naciones en la búsqueda de lograr respetar los preceptos y mandatos divinos, con lo que el inevitable futuro de nuestra humanidad es el de alcanzar esos propósitos entendiendo que hacemos parte integral del mismo todo. Seguir promoviendo divisiones y fronteras solo implica una equivocada visión magnificada y perpetuada por unos pocos hombres que sumaron su aparente poder y fuerzas para sus propios egoísmos irracionales y debido al pecado seguimos siendo esclavizados a esas creencias e ideologías enfermizas.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 10:43, “de éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre”.

Oremos para que nuestras únicas fronteras sean las que nos aíslan de agredirnos.