Mucho se habla históricamente de la ética sin embargo poco se practica esta. Incluso hay quienes aseguran que al llevarla a los extremos de la moral esta se viste de religiosidad y dogmas que hacen que dichos principios y valores que deberían consolidar nuestras interrelaciones se desdibujen y nos dediquemos a enfatizar en temas diferentes, que al confrontar nuestras creencias más recalcitrantes en vez de acercarnos nos distancian. Más la ética como tal se ocupa realmente de nuestras diarias interacciones y la forma de llevarlas armónicamente lo que quiere decir que como especie tenemos la posibilidad de aceptarnos diferentes y por ende nada indiferentes a nuestra necesidad de complementarnos.

Una perla cotidiana nos expresa: “la infidelidad no es solo engañar o quebrantar un código moral, es lastimar, herir y destruir al semejante”.

Cuentan que cuando la niña llegó llorando a casa y le dijo a su madre que en la escuela varios niños se burlaban diciéndole fea y gorda, la madre le mandó una nota a la maestra solicitándole leyera en clase con los niños y luego los mandara a leer en sus casas el siguiente texto de Eduardo Galeano: “vivimos en un mundo en donde el funeral importa mas que el muerto, la boda más que el amor y el físico mas que el intelecto, vivimos en la cultura del envase que desprecia el contenido”.

Estamos presos de sociedades en donde importa más la estética que la ética, en donde las personas se valoran por su forma y no por lo que contienen en su fondo como humanos, un mundo en donde además preferimos agredirnos que agradarnos y ello tristemente lo seguimos reproduciendo desde nuestros hogares en donde programamos a las nuevas generaciones para seguir siendo infelices.

El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 2:11, “amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!