El Texto de Textos nos revela en Zacarías 4:6, “continuó él, y me dijo: esta es la palabra del Creador a Zorobabel: “no por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu” – dice el Señor de los ejércitos”.

El concepto de poder es quizá uno de los más complejos de definir, pero es a la vez el más normal de escuchar a la hora de reflexionar al respecto de nuestras sociedades y quizá ello se deba a cada uno de los vínculos que se entretejen en nuestras interacciones comunitarias y familiares, esas en donde por pequeño que ello nos parezca, se ha tratado más de imponer criterios en vez de exponer argumentos, en un modelo de relación desigual que hace que incluso la autoridad se traslade al campo de la fuerza.

Quienes estudian esos y otros fenómenos sociales, aseguran que sin conceptos como el de poder y autoridad no existirían las jerarquías, con todo lo positivo o negativo que ello nos parezca. Más lo cierto es que debemos aprender a convivir con ese modelo organizacional que toma algunos apartes de la obediencia que le debemos al Creador y la que obviamos, embebidos en los diferentes niveles de autoridad social que tenemos, los cuales por nuestras concepciones abstractas nos han llevado a presuponer que hay seres que tienen hegemonía sobre otras personas y especies.

Sentirnos superiores a los demás implica que consideremos que esos otros son inferiores y por ende nos deben obediencia, visión que nos ha llevado incluso a guerras y a imponernos por la fuerza cuando deberíamos buscar el equilibrio y la armonía basados en el amor y el complementarnos con nuestros dones. Así es como tras deseos de poder disfrazados de todo tipo de ideales hemos potencializado nuestras capacidades para autodestruirnos y cual semidioses asesinar, intentando adecuar el mundo a nuestras condiciones así algunas de estas vayan en contra de nuestra propia naturaleza.

Todo parece indicar que el ser humano en esencia no piensa, reacciona, por lo que sus motivaciones son más de carácter emotivo que racional, lo que ha desencadenado constantemente enfrentamientos de egos que clasificamos como búsquedas de poder que simplemente afectan al todo. Seguir en ese engañoso camino no es la mejor opción así para algunos parezca la única para cambiar la dirección de esas ideas nefastas al respecto de la vida, las que nos han llevado a usar la fuerza como costumbre y a reproducir esas interacciones agrestes que justificamos como sobrevivencia.

Esta demostrado que no es por la fuerza de nuestros actos e inventos y menos por la ubicación estratégica dentro de los esquemas de poder que lograremos las transformaciones que históricamente hemos anhelado y necesitamos, sino que lo que deberíamos buscar es la fuerza y el poder pero del Espíritu que a diferencia de nuestras visiones genera armonía, proporcionalidad y por ende vida.

El Texto de Textos nos revela en Filipenses 4:13, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Oremos para que nuestro mayor poder sea este, el de orar.