Se cree que regularmente hablamos por hablar al punto que no nos damos cuenta que con algunas expresiones podemos generar heridas profundas en nuestros seres más queridos. Se trata entonces de proponernos a diario reflexionar en aquellas palabras que más nos puedan motivar y a la vez ir sacando incluso de nuestros pensamientos aquellas que solo nos desmotivan sino que nos llevan a perderle el propósito a nuestros días. Y es que se trata regularmente de agradar en vez de agredir, de bien decir de las cosas en vez de maldecir de algunas de ellas, en fin, de comprender que de nuestras palabras y los pensamientos que ellas simbolizan depende en buena medida la realidad en la que convivimos.

 

Una perla cotidiana nos dice, “quien quiere dirigir la orquesta debe dar la espalda al público”.

 

Cuentan que cuando le preguntaron al entrenador el cómo había logrado cambiar la actitud de los jugadores y por lo tanto el resultado en contra que tenia en la primera parte del partido, este expresó que uno de los aspectos que más trabajaba en la semana con sus dirigidos tenia que ver con el poder de nuestras palabras. Y es que según el entrenador si a los jugadores se les expresan palabras de aliento, de motivación, de crecimiento y no de critica y reclamo, seguramente cambiaran su actitud pues nuestras vidas dependen del poder de nuestras palabras.

 

Y aunque mucho se nos dice al respecto, en ocasiones poco comprendemos ello, al punto que desde temprano nos repetimos todo tipo de palabras adversas que contaminan nuestros días. Se trata de ser más positivo incluso frente a circunstancias que antes calificábamos como negativas e intentar cambiar con nuestro lenguaje esa perspectiva histórica agreste que nos ha llevado a denigrar y maldecir de todo y de todos.

 

El Texto de Textos nos revela en II de Samuel 7:28, “ahora pues, Padre Creador, tú eres el Señor, y tus palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo”.

 

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras COTIDIANIDADES… ¡nos transformaremos!