Nuestras mentes tienen la posibilidad de llevarnos a crear una serie de circunstancias futuras en donde presuponemos nuestras existencias cobrarían un verdadero sentido. Y en esa amplia gama de ilusiones regularmente coloreadas por un mundo irrisorio en donde predominamos las tenencias divagamos y ello nos conduce tarde o temprano a chocar con una realidad que sin ser tan cruel como algunos la describen si se opone en algunos momentos a ese mundo de ensueños que si bien también es válido proyectar no puede ser nuestra única opción y menos la que nos determine el derrotero a seguir para sentirnos felices o satisfechos.

Una perla cotidiana nos reitera que “se aprende más de los momentos adversos que de los placenteros”.

Cuentan que cuando la terapeuta dialogo con el joven que había intentado suicidarse y por ello le tenían recluido en un sitio especial para reposo y descanso, escuchó con atención las muchas razones que él expresó al respecto de por qué su vida no tenia sentido para al final llevarle a una valiosa reflexión: – es necesario para poder encontrarle un verdadero sentido a tu vida que vacíes tanto el corazón como tu mente de todos esos recuerdos que hoy no te permiten empezar de nuevo.

Hay momentos de nuestras vidas en que le perdemos el sentido a la misma vida y ello regularmente sucede porque hemos consolidado nuestras realidades sobre expectativas que al no realizarse nos llevan a hacer creer que nada vale la pena, cuando quizá lo que se nos esta enseñando es simplemente a que asumamos el día a día y cada circunstancia como una oportunidad de crecimiento.

El Texto de Textos nos revela en Nahúm 1:7, “nuestro Padre Celestial es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!