El Texto de Textos nos revela en Josué 10:12, “Entonces Josué habló al Creador el día en que el Creador entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ajalón”.

De la luz se desprenden rayos que emiten diversos tipos de energía muchos de los cuales no percibimos aunque son esenciales para nuestra subsistencia. La radiación que no es solo solar nos demuestra que existen múltiples campos energéticos de los que nos retroalimentamos aunque algunos de ellos según su intensidad nos pueden hacer daño, con lo cual podríamos deducir que a la Luz principal del universo, la del Creador, no podemos acceder directamente y por lo tanto requerimos de ciertos filtros, perspectiva través de la cual también podemos entender a Jesucristo.

La ciencia nos habla de la radiación electromagnética y la clasifica en: ionizante,  no ionizante, térmica, corpuscular, solar, nuclear y las de cuerpo negro, dimensión no perceptible y que se traducen en rayos alfa con cargas positivas, beta con electrones y gama que con sus ondas electromagnéticas de longitud fluyen regularmente en los espectros de lo que se reconoce como ondas muy cortas, lo que nos sirve para reconfirmar que hay un universo de Luz que nos irradia y que nos insinúa la existencia de un mundo espiritual lumínico que existe y con el cual vibramos aun sin percatarnos de ello.

Rayos de luz que sin ser perceptibles le aportan a nuestras vidas más de lo que suponemos y con los cuales interactuamos, como nos lo ayudan a comprender no solo esos instrumentos tecnológicos sino nuestro propio cuerpo, el cual al someterse a rayos X por ejemplo, nos dictamina si hay o no armonía en él. Siendo necesario entonces que nos permitamos vislumbrarnos como fuentes de luz que no solo reciben cargas de la Creación sino que están obligados a dejar fluir e irradiar estas en sus entornos.

La materia a la que tanto le prestamos atención no es otra cosa que esa suma de pequeñas partículas de luz o energía que conforman una masa, la cual articulada a diferentes sistemas consolida un cuerpo y un universo, el cual sin embargo depende plenamente de esa fuente principal de Luz Divina que en sí es la que genera la acción o movilidad de todos los sistemas y cuerpos que constituyen esta Creación.

Lógica que también nos permite comprender que como energía nuestro cuerpo irradia de sí, tanto lo mejor que tenemos, como a la vez lo menos útil, lo que implica que deberíamos ocuparnos para que nuestra vibración o radiación interna, especialmente la no útil que algunos consideran como negatividad, no desarmonice las existencias de otros, mientras que la luz el Creador que nos retroalimenta y nutre a diario fluye a través de nosotros en los entornos que nos circundan.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 6:31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Mas buscad primeramente el reino del Creador y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Oremos para irradiar a nuestros entornos solo lo mejor que llevamos dentro de nuestros seres.