El Texto de Textos nos revela en Zacarías 7:5, “habla a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes, diciendo: Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí? Y cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros mismos? ¿No son estas las palabras que proclamó el Creador por medio de los profetas primeros, cuando Jerusalén estaba habitada y tranquila, y sus ciudades en sus alrededores y el Neguev y la Sefela estaban también habitados?

Estamos presos de todo tipo de deseos algunos de los cuales hacen parte de una escala de valores eminentemente mercantil que nos incita a priorizar aquello que no tiene por qué convertirse en nuestra ilusión de vida y a coexistir tras erradas expectativas que le quitan el sentido y razón de ser a nuestras cotidianidades obviando así lo que realmente es trascendente. Enfocarnos en los destellos con los cuales el Creador guía nuestros días a través de su Palabra implica entonces de alguna manera el desear solo el integrarnos a Él.

Sendero Divino que promueve el no dejarnos atraer por otro tipo de distractores que disfrazados de tentaciones y deseos engañosos nos hacen presuponer un bien estar que se reviste simplemente de placeres temporales. Esos que nos alejan de nuestro principal foco de atención: nuestro Creador. Y es que por ejemplo al seguir esas mal llamadas señales publicitarias mercantiles al respecto de la vida solo nos llenamos de más oscuridades y por lo tanto de nuevos conflictos.

Bajo esa mirada debemos empezar a revisar cual es el centro y eje de nuestras vidas, lo que no descalifica las posiciones materiales que asumamos tras esos caminos históricos a los que nos hemos acostumbrado a entender como vivencias, pero que si nos invita quizá a cambiar de horizonte para no seguir enfrentándonos a las equivocaciones milenarias que nos han colocado a especular y a promover toda una serie de mitos y leyendas que en nada han favorecido nuestro bienestar que es general.

No es gratutito que deslumbrados por nuestras alucinaciones sigamos tras respuestas históricas a unas indagaciones que al cuestionarse por qué hemos nacido en este planeta, solo nos han conducido a confrontarnos a ver la muerte por lo que más que pensar en ese final de nuestras existencias, tema que es válido, deberíamos revisar lo que estamos haciendo con toda esa suma de acontecimientos conscientes e inconscientes a los que llamamos experiencias y que deberían ofrecernos un para qué y unos propósitos.

El sentido de nuestras vidas va más allá de pensar o hacer y esas búsquedas casi instintivas de trasformar nuestros entornos y buscar nuestro bienestar nos dicen también que debemos ser provocadores de una armonía universal a la que pertenecemos y para la cual todos los deseos revestidos de desequilibrios que se nos presentan, no sean más que llamados de atención para que nos enfoquemos en la Luz Celestial y gracias a ella en nuestro Creador.

El Texto de Textos nos revela en Marcos 10:21, “Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. 22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: !!Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!”

Oremos para que todo gire alrededor de nuestro Creador.