El Texto de Textos nos revela en Jeremías 35:15, “Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: Volveos ahora cada uno de vuestro mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos para servirles, y viviréis en la tierra que di a vosotros y a vuestros padres; mas no inclinasteis vuestro oído, ni me oísteis”.

Se cree que del concepto de orar se desprende etimológicamente el de adorar que implica el rendir culto, perspectiva que si la profundizamos históricamente nos puede llevar a comprender el por qué los seres humanos nos hemos paganizando producto de nuestros desconocimientos, ignorancias y especulaciones promoviendo con ello todo tipo de deidades sustentando esas erradas creencias hasta en imágenes recreadas por nosotros mismos.

Confusiones que han guiado hasta nuestras más intimas confesiones a ilusiones politeístas que sin embargo presuponemos están dirigidas a un único Creador llevándonos incluso a inclinarnos a adorar imágenes y a seres paridos desde nuestra creatividad que convertimos en semidioses inconscientemente. Nuestro patriarca Abraham debería servirnos de ejemplo para alejarnos de todo aquello que no nos permita integrarnos al único Señor, Rey y Creador así nuestros coterráneos se dediquen a idolatrar incluso a los astros.

La Biblia entonces nos reitera el cómo otros seres aun creyendo en Él le fallaron y de allí la importancia de comprender que nuestro Creador quizá bajo la investidura del hijo, se presenta ante el mismo Moisés para recordarle que su nombre es “Yo soy el que soy”, lo que en un sentido literal también explica que no hay más dioses, ya que el verbo ser en su puro presente esta fuera de todo proceso, incluso interpretativo.

Él mismo como Jesucristo Árbol de Vida se humano para que dejáramos de retroalimentáramos del árbol del conocimiento del bien y del mal y de las deidades engañosas que de allí se desprenden para nutrirnos de su Palabra dejando todo ese pasado y apegos atrás y así tras dicha motivación seguir a nuestro único Creador de retorno a nuestra morada celestial.

El verbo se hizo carne para guiarnos y que ya no solo le creamos a Él sin que además le Creamos a Él lo que implica que todas nuestras actividades, pensamientos y palabras estén enfocadas en demostrarnos inicialmente a nosotros mismos y luego si a los demás que esa es nuestra misión de vida: respetar sus preceptos y mandatos para corregirnos de nuestros equivocados caminos y reintegrarnos a Él y su obra. Hay un solo Creador al cual deberíamos honrar conjugando con todas nuestras palabras y actos todo aquello que aun sin pronunciar su impronunciable nombre nos incite a seguirle.

El Texto de Textos nos revela en Juan 17:3, “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Creador verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.

Oremos para adorar más a nuestro Creador que a las imágenes humanas.