El Texto de Textos nos revela en Isaías 6:5, “Entonces dije: ¿Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, porque han visto mis ojos al Rey, el SEÑOR de los ejércitos”.

Entendernos como Luz, energía, es a la vez asumir que hacemos parte de los casi cien millones de estrellas que algunos astrónomos aseguran existen, aunque probablemente ese número se queda corto para la cantidad infinita de astros que existen en el universo muchos de los cuales no podemos siquiera imaginar con nuestros mega telescopios, instrumentos que nos presentan esos destellos de luz que incluso pueden haberse ya extinguido cuando les visionamos. Lo que quizá nos invita más que a contarlas a sabernos parte de una majestuosa Creación.

Algunos de esos mismos científicos nos dicen que somos polvo de esas estrellas que explotaron o extinguieron, gracias a ese proceso natural de renovación y transformación del universo del que no aprendemos, así que quienes de esa forma piensan nos reiteran que pese a que esas partículas hacían parte de esos lugares lejanos, ellas también se integran a nuestros seres y gracias al Creador encuentran las condiciones para que de esa energía y luz se promueven nuestras vidas.

Más allá de creer o no ello nuestros ojos ven y nuestros sentidos capturan todas esas luces que iluminan no solo nuestro cielo y que si conceptualizamos más allá de nuestra sesgada interpretación científica, nos podrían servir para aceptar que las cosas en sí no tienen luz, no son energía en sí mismas y por lo tanto son más bien oscuras, materia, lo que traducido a nuestros limitados conocimientos hace que quizá asimilemos que a través de nuestros sentidos es que nace un universo al que por esos destellos le damos un sentido y no otro.

Abstracción que nos debería llevar a idealizar una separación con la luz, la cual cae exactamente sobre los objetos que enfocan nuestros ojos, con lo cual aunque seguimos percibiendo el mundo por esa luz, deberíamos ir mas allá para entender esa luz, como tal no como es. Ser conscientes de su verdadera existencia nos lleva percibir esa luz refleja que se conjuga con la de nuestro sistema visual que nos permite capturar, con el apoyo de los otros sentidos, que además del color hay otro espectro con otras distancias, una esencia de las cosas que incluso a través del calor nos permite entender su movilidad que nos demuestra que las cosas no contienen en si mismas esa luz sino que la luz del Creador es la que se proyecta en esas sombras.

Gracias a todo ello y reconociendo las cosas como objetos oscuros podemos percibir incluso en esas grandes luminarias que llenan el vacío del universo y que en ocasiones identificamos como pequeños puntos luminosos que denominamos estrellas, algo superior que debemos visionar en donde todo es realmente esa Luz, incluso la artificial nuestra es también el reflejo de esa Luz Creadora que se refleja y proyecta con la fusión de la materia con ella, así algunos prefieran no aceptarla y vivir estrellados.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 4:26, “Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo”.

Oremos para que podamos ver la luz pura de nuestro Creador.