El Texto de Textos nos revela en Números 7:11, “ Y el Creador dijo a Moisés: Ofrecerán su ofrenda, un príncipe un día, y otro príncipe otro día, para la dedicación del altar”.

Hay tradiciones que vale la pena seguir en la búsqueda de imitar lo bueno pero sobre todo de comprender que cada día el Creador nos otorga una oportunidad para guiarnos y llamar nuestra atención para dedicar nuestras existencias y todo lo que ellas significan hacia Él. No olvidemos que incluso le debemos nuestra propia vida, lo que nos debería obligarnos a que cada instante se lo ofreciéramos como la mejor opción con la que contamos para devolverle un poco de lo mucho que nos ha dado.

De eso quizá se trata la tan maltrecha gratitud, esa de la que podemos aprender más si como el pueblo Judío celebráramos la fiesta de la dedicación, Hanukkah o Jánuca, la cual es una festividad litúrgica hebrea que también se conoce como Festival de las luces o luminaria, y que como tradición busca el llenar las casas de candelabros con velas que iluminan mientras se disfruta de una cena en familia. Y aunque es una fiesta que tiene lugar durante ocho días en los que se conmemora la revuelta del pueblo macabeo, en el siglo segundo antes de Cristo, en donde los judíos recuperaron su independencia sobre los griegos y lograron reclamar el Templo de Jerusalén, por lo menos podemos atender más toda su simbología.

Y es que Hanukkah como una fiesta además de ser muy alegre nos invita a través de la luz como esencia a iluminar adentro y afuera nuestros seres. Por lo que hay quienes la comparan con la navidad de occidente en donde no solo se cena, se intercambian regalos sino que además se ora. Los Judíos además juegan con dreidels, pirinola de cuatro caras con una letra del alfabeto hebreo, que ayuda a recordar que un milagro ocurrió allí, incluso cantan y disfrutan de comida típica.

Busquemos entonces que algunas hermosas tradiciones no solo se conserven como una festividad sino como un recordatorio para que iluminemos nuestras existencias y relaciones con la palabra del Creador a la vez que le dedicamos a Él lo mejor de nuestras vidas. Cada instante y cada interacción es además una posibilidad de acércanos a Él iluminando todas nuestras interacciones con los destellos de su amor.

Tradiciones que plagadas de sus preceptos, mandatos y valores deben de ser trasmitidas a las nuevas generaciones y a esas personas que pueden estar sintiendo la profunda oscuridad de no sentirse cerca del Creador, por lo que si nos permitimos compartir de esos destellos que brotan en nuestro ser, esos próximos estarán aprendiendo de esa diaria tarea de dedicar lo mejor que tenemos al Creador sirviéndole a través de nuestros actos.

El Texto de Textos nos revela en Juan 10:22, “Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, 23 y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón. 24 Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. 25 Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; 26 pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho”.

Oremos para que le dediquemos nuestros mejores instantes y dones al Creador.