Un ejemplo muy común para entender el tema de las cadenas se da cuando quien amaestra un elefante lo encadena a un punto por mucho tiempo logrando que este no insista más en soltarse, lo que implica que aun sin que la cadena este realmente atada a este punto el animal no haga más ningún esfuerzo ya que se supone esclavo. Analogía que nos sirve para comprender que igualmente nosotros en ocasiones nos encadenamos a ideas, lugares y personas, de tal forma que aunque otros nos digan que nos desapeguemos o nos marchemos, nosotros preferimos no atenderlos y por el contrario quedarnos allí lamentándonos, quejándonos y hasta lastimándonos.

Una perla cotidiana afirma: “usted nunca será feliz si continua aferrándose a las cosas que lo ponen triste”.

Cuentan que en una cotidianidad la madre observaba como su hijo se repetía y repita en una serie de pensamientos en la búsqueda de alcanzar soluciones a los problemas que lo aquejaban. Así que esta se lo llevó a su cuarto y allí le mostró un viejo cofre en donde ella guardaba algunas joyas, por lo que este supuso que ella se las estaba dando para que las vendiera, por lo tanto las rechazo. Más ella aprovecho ello para enseñarle que “en el cofre de la mente se encuentran tanto las cadenas de la esclavitud como las llaves de la libertad”.

Hay ocasiones en las cuales nos enfrascamos en una serie de pensamientos que solo logran desesperarnos y deprimirnos más, cuando lo que necesitamos es aflojar esas reflexiones y permitirnos vislumbrar nuevas perspectivas y es allí en donde debemos dejar que entren esas nuevas ideas que ojala se lleven aquellas visiones que nos tenían atados a un solo lugar del cual no podíamos salir.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 10:3, “Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!