Mucho se habla del autocontrol como una de las disciplinas más necesarias que debemos cultivar en nuestro día a día y aunque deberíamos entender mejor en qué consiste este, también es cierto que dicho control implica bastante conocimiento de nosotros mismos, lo cual no solo tiene que ver con comportamientos, actitudes y emociones, sino incluso con nuestro propio cuerpo y la forma como lo podemos hacer trabajar más armónicamente. Y es que tenemos la hermosa posibilidad de conocernos y reconocernos a través de todas esas reflexiones que vamos acumulando y que consolidan los propósitos de nuestras existencias, por lo tanto lo más coherente es usar todas esa amalgama de pensamientos a favor de todas las relaciones que componen nuestras coexistencias.

Una perla cotidiana nos dice que “hay quienes deslumbran pero no alumbran”.

Cuentan que cuando el docente quiso enseñarles a sus alumnos a comprender mejor lo que debería ser el gobernar sus voluntades les dijo que entendieran su ser como una especie de locomotora en donde la razón debería ser quien los lleve por la ruta que consideraran acorde a sus búsquedas de un sentido para sus vidas, pero que debían también tener en cuenta que algunos complejos vagones como los de las pasiones, emociones, resentimientos, deseos, recuerdos y hasta adicciones podrían tomar el control, haciéndoles que se apresurasen y porque no, hasta se descarriasen.

Somos seres integrales y ello quiere decir que debemos lograr armonizar todo nuestras áreas tanto en lo físico, lo mental como lo espiritual para conducirnos de manera correcta, coherente y consecuente, de lo contrario cual trenes sin conductor podemos suponer que vamos por la vía férrea correcta pero nos encontraremos que en cualquier pequeño cruce nos podemos descarrilar o en cualquier estación detener o hasta estrellar.

El Texto de Textos nos revela en Cantares 8:7, “las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!