El Texto de Textos nos revela en Levítico 26:12, “Andaré entre vosotros y seré vuestro Creador, y vosotros seréis mi pueblo”.

Aceptar que nuestro YO SOY es el todo, el Creador y que somos fragmentarnos de Él que al separarse conservan partículas de esa esencia divina lumínica, nos puede llevar a sospechar que ese Yo que se traduce en nuestro ego, no es que nos quiera hacer parecer casi semidioses sino que nos invita a acercarnos e integrarnos a Él. Sin embargo nuestra visión distorsionada de la realidad producto de nuestros desconocimientos y desconexión de ese todo y su Luz nos sigue llevando equivocadamente a que busquemos más bien convertirnos en luminarias.

Esa desconexión producto de nuestro pecado hizo que pasáramos de lo ilimitado e infinito del YO SOY a lo limitado y finito de nuestro Yo, que sin embargo y ante la confusión de su vacío y soledad existencial, se percibe más grande y poderoso de lo que es, siendo quizá esta la razón fundamental para que vivamos de deseos e ilusiones y metidos en una especie de caverna en donde nos proyectamos hacia un exterior fruto de esas nuestras especulaciones el cual nos asusta, nos llena de temores y miedos.

Bien se afirma que hoy conocemos todo tras dicho velo Yo, que desea y busca reintegrarse a la Luz del Creador y que se deja atraer por diversos tipos de espectros a los que sin poderse vincular nos lleva a suponernos parte y cercanos, más ello solo nos distrae producto de fijar nuestra visión en esa serie de objetos e incluso luminarias artificiales exteriores que específicamente nos separan de todas las posibilidades que podemos encontrar a diario, si nos enfocáramos en lo que es necesario e indispensable para nuestro crecimiento: nuestro Espíritu.

Querernos vincular con todo y con todos es lo lógico sin embargo la forma como suponemos debe ser no solo es ilógica ya que es producto de nuestras ideas fragmentadas al respecto de la Creación. Por lo que incluso la mayor invitación filosófica que se nos hace es la de conócete a ti mismo, lo que nos lleva además de buscar nuestra esencia a comprendernos como un sistema articulado al que pertenecemos y además nos debemos.

Si el deseo es llenar ese vacío y a la vez dejarnos guiar por nuestros deseos trascendentes que poco comprendemos y no por placeres temporales que incluso motivan nuestros instintos, es tiempo de amar, de vincularnos los unos con los otros, de integrarnos al todo, y volver a hacer parte de la Creación, la cual tiene un plan general de retorno y lo único que nos pide es dejarnos guiar por la Palabra como hijos desobedientes que hemos sido.

El Texto de Textos nos revela en I de Tesalonicenses 5:9, “Porque no nos ha puesto el Creador para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, 10 quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con Él. 11 Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis”.

Oremos para que pronto nos demos cuenta de quiénes somos.