El promedio de lectura en Latinoamérica comparado con otros países es casi mínimo y lo más triste es que incluso en quienes fungen de docentes es aun más bajo, lo que nos invita a construir espacios en nuestros hogares en donde se incentive a que en familia leamos, iniciando con textos cortos y motivantes para pasar luego ojala a esos clásicos de la literatura que contienen en sus páginas además grandes reflexiones para nuestras vidas. Es de suma importancia que se entienda la lectura como un ejercicio mental necesario y que debemos convertir en hábito para que desde dicha perspectiva nos propongamos no solo ser más educados sino a la vez mejores seres humanos.

Una perla cotidiana nos invita a “elegir bien a nuestra pareja pues es el reflejo de amor que tenemos de nosotros mismos”.

Cuentan que cuando el docente de literatura invitó a los padres a que separaran un tiempo diario de por lo menos media hora apagando sus televisores y en cambio en familia leyeran algunas de las diversas obras que él había dejado en su texto como recomendadas, no se imagino que la mayoría de padres se resistieran a la invitación, por lo que luego los convocó a una reunión en donde les dijo: – considero que adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio contra casi todas las miserias de la vida.

Válida apreciación y más coherente aún la propuesta de apagar nuestros televisores y más bien dedicar esos tiempos a compartir en familia dialogando juntos y si es posible leyendo algunos de los muchos textos que la literatura universal clasifica como clásicos y que cada vez aportan más para que seamos unos mejores seres humanos.

El Texto de Textos nos revela en Santiago 3:13, “¿quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!