El concepto de eternidad es tal vez uno de los más debatidos por nuestra ciencia, sin embargo algunos preceptos aseguran que la energía o materia no se crea, no se destruye, sino que se transforma, principio que nos deja entrever que si suponemos que solo somos materia o energía esta se tendrá que transformar en determinado momento en otra posibilidad. Lo que si lo llevamos a la dimensión de la eternidad seguramente nos debe permitir comprender la necesidad de trabajar desde esta temporalidad por tener un eterno aquí y ahora en donde nos interrelacionemos cada vez más fraternalmente con todo y con todos.

Una perla cotidiana de Graf explica que, “el hombre comienza en realidad a ser viejo cuando deja de ser educable”.

Cuentan que en una cotidianidad el creyente docente de historia les compartió a algunos de los ateos padres que curiosamente querían replicar sus complejas creencias en sus hijos la siguiente anécdota: – no se si saben que el cuerpo de Carlos I el grande o Carlos Magno fue encontrado doscientos cincuenta años después de su muerte, fruto de que este fue bien embalsamado, pero lo curioso es que tenia su cetro en la mano derecha mientras que en su otra mano su dedo señalaba un versículo de la biblia que en Marcos 8:36 reza: “¿qué aprovecha al hombre si ganaré todo el mundo y perdiere su alma?”

Valioso interrogante, máxime si cautivo la atención de quien de acuerdo a la historia tuvo todo lo que quiso, sin embargo y frente a la eternidad esos cortos momentos de gloria parecen no valer realmente nada, quizá por ello por lo que mas debemos trabajar en nuestros días terrenales es por ganarnos el espacio eterno al que llegaremos y al que definitivamente nuestro corto tiempo vale oro para aprovecharlo con esos fines.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 71:8, “mi boca rebosa de alabanzas a tu nombre y todo el día proclama tu grandeza”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!