El Texto de Textos nos revela en Jeremías 10:1, “Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel. Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril”.

La etimología de la palabra nacer nos puede llevar al concepto de gen, lo que de alguna manera nos invita a entender la visión de vida, esa que debe ir más allá de la lógica de un cruce de información aportada por un hombre y una mujer que al fundirse hacen que se multiplique esa información con otras células para que luego ese ser creado pueda hacer parte de este mundo y adicionemos a esa perspectiva el concepto de dar a luz que nos denota que ya ese ser no será parte de la oscuridad del universo sino de la Luz de este.

Luz que podemos comprender mayormente si nos percatamos que fue el mismo Creador al humanarse y darnos el regalo inmerecido de la salvación el que nos denotó que en medio de la oscuridad de nuestras coexistencias se encuentran todos esos destellos que llaman nuestra atención para que nos reconozcamos como partes integrales de esa Luz Creadora que aunque no reconocemos a través de nuestros sentidos pero que esta allí llamando nuestra atención para que nos integremos a ella.

Bajo esa mirada celebrar la llegada de un ser tiene que ver culturalmente con encontrar más y nuevos motivos para unirnos fraternalmente y a partir de ello asumir una serie de actividades y responsabilidades que se traducen en sabernos luz, parte integral y por ende en reconocernos como hijos de unos padres pero a la vez de un Creador. De allí la importancia de renacer con Jesucristo, lo que más que una propuesta que parte de la mente debe renovar todo nuestro ser para pasar de ese ser material al espiritual.

Nacer con Jesucristo implica el conmemorar ojala a diario dicho acto de amor que Él tuvo para con nosotros que va mucho más allá de nuestras costumbres de percibirnos como creyentes amarrados a tradiciones para enfocarnos ya no en esos ideales paganos que todavía siguen confundiéndonos con sus campanas, velas y decoraciones para adorarle únicamente a Él distanciándonos así de tantas deidades que nos distraen a cada instante.

Cada día debemos mirarlo como una oportunidad para renacer y proclamar a Jesucristo como nuestro salvador y por lo tanto la razón de ser de nuestras vidas, celebrando a su lado que somos luz para iluminar las oscuridades de este mundo de muerte que tanto nos sofoca en donde los ritos o los mitos nos confunden. Lo que quiere decir que a partir de ese renacimiento la esencia de su mensaje que no solo implica el amarnos los unos a los otros nos llevará a aceptar y recibir la vida eterna aquí y ahora gracias a esa fe.

El Texto de Textos nos revela en Juan 1:1, “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con el Creador. Este era en el principio con el Creador. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

Oremos para que Jesús nazca y renazca en nuestro ser.