El Texto de Textos nos revela en Éxodo 14:14, “El Creador peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos”.

De alguna forma desde nuestros primeros años de vida empezamos a recibir una incorrecta formación al respecto de nuestra convivencia y en vez de hacernos competentes para con la vida y nuestros próximos, nos alinean para ser competitivos, incluso para con nosotros mismos, llenándonos de objetivos y metas mercantiles, que si bien no queremos descalificar aquí, si debemos entender como un sendero para cualificarnos dentro de un mundo que al final nos enseña que somos seres más espirituales eternos que temporales corpóreos.

El mismo cajón mágico de la televisión, que ahora se redujo al tamaño de un teléfono móvil y se incorporó hasta en nuestras rutinas más intimas, nos demuestra que nuestros mayores conflictos parten por estar alejados del vinculo perfecto que nos ofrece el amor a nuestro Creador y con ello con nuestros próximos, haciendo que los conflictos que son tan solo llamados de atención que deberíamos atender y transformar se conviertan en separaciones, decepciones, depresiones y estados de violencia.

El termino judío Shalom, que se usa como saludo, no es una palabra más para quienes profesan este credo, sino que en su transfondo es una motivación para vivir en paz, propuesta que los creyentes debemos llevar a nuestras diarias relaciones máxime cuando el propio Jesucristo es considerado como príncipe de paz. Desafortunadamente estas y otras expresiones se conjugan al mismo tiempo con otros términos incluso grotescos irrespetuosos y ofensivos que desdicen de nuestras verdaderas búsquedas.

Vivir tan alejados de la divinidad nos ha llevado a que nos percibamos coexistiendo en conflictos que regularmente magnificamos y que convierten nuestro día a día en agresiones de todo tipo cuando estamos llamados es a agradarnos. Tristemente las descalificaciones y los roces que ellas reproducen, también nos hacen obviar que estamos llamados a corregirnos a crecer, a aportarnos, en fin a amarnos como próximos que somos.

Si es la paz y el Creador nuestra prioridad debemos recordar que como principio rector de nuestras vidas el pide que nos amemos y ello lo alcanzamos gracias a la guía del Espíritu Santo y la oración, la misma que nos llena de fe para mantenernos en esos propósitos que incluso hacen de dichos conflictos cotidianos lecciones y pruebas para reenfocarnos. Lo que quiere decir que nuestra paz y confianza deben estar puestas en el Creador para que este mundo del caos no reine a nuestro alrededor.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 18:15, “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. 18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”.

Oremos para ser conciliadores y transformadores de conflictos.